Hay una pregunta que hago de vez en cuando y que suele provocar cierta incomodidad.
—¿Quién decide cómo funciona vuestra empresa?
La mayoría responde sin dudar:
—Nosotros, claro.
Entonces hago una segunda pregunta.
—¿Y si mañana quisierais cambiar de proveedor?
Ahí empiezan las miradas.

Hace poco, en un ImpulCEO, descubrimos que una empresa llevaba años pagando una fortuna por herramientas y servicios que, en teoría, eran imprescindibles.
Sin embargo, seguían haciendo informes a mano, los datos nunca terminaban de cuadrar y cualquier mejora suponía otro presupuesto.
Les pregunté:
—¿Podéis cambiar de proveedor si mañana os apetece?
La respuesta fue inmediata.
—Ni de broma.
Y ahí apareció el verdadero problema.
No era el precio.
Ni siquiera la tecnología.
Era que habían perdido la libertad para decidir.

Cuando un proveedor sabe que no puedes marcharte, la negociación deja de existir.
Empiezan los sobrecostes, las esperas, las limitaciones y esa frase que todos hemos oído alguna vez:
—»Eso no se puede hacer.»
Durante el ImpulCEO no empezamos buscando otra herramienta.
Empezamos recuperando el control.
Lo primero fue asegurarnos de que la empresa era dueña de sus propios datos.
Parece una obviedad, pero muchas compañías descubren demasiado tarde que cambiar de proveedor significa perder meses de información, procesos o desarrollos.
Después simplificamos.
Había aplicaciones que hacían lo mismo, licencias que nadie utilizaba y servicios contratados «por si acaso».
Y, sobre todo, diseñamos un plan para que ningún proveedor volviera a convertirse en imprescindible.
Lo curioso fue lo que ocurrió después.
Sin cambiar todavía de plataforma, simplemente por tener una alternativa real, la negociación cambió por completo.
- Desaparecieron algunos costes.
- Aparecieron soluciones que antes parecían imposibles.
- Y el proveedor empezó a responder mucho más deprisa.
Qué casualidad.
Muchas empresas creen que compran tecnología.
En realidad, están comprando capacidad para decidir.
Y cuando esa capacidad desaparece, el problema ya no es informático.
Es estratégico.
Eso es lo que buscamos en un ImpulCEO.
No elegir un programa u otro, sino conseguir que ninguna herramienta, ningún proveedor y ninguna dependencia termine condicionando el futuro de tu empresa.
Porque una empresa vale mucho más cuando puede elegir.
Y la libertad, casi siempre, resulta mucho más rentable que la dependencia.
Si quieres revisar hasta qué punto tu empresa controla sus herramientas y de qué forma podemos transformar tu modelo de negocio y su crecimiento, te conviene hacer un ImpulCEO.
Sólo realizo dos o tres sesiones al mes para poder dedicarles el tiempo que necesitan.
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