Distribución cosmética: Planogramas y surtido por microzona

Acompañemos hoy un caso… Me llamo Ana y tengo una pequeña distribuidora de cosmética profesional.

  • No tengo tiempo.
  • No tengo un equipo enorme.
  • Y desde luego, no tengo un “departamento de transformación”.

Así que decidí hacer algo simple: probar un cambio que pudiera empezar mañana.

Planogramas y surtido por microzona.

​Tres meses.

Treinta clientes.

O funciona o no.​

Semana 1: entender el terreno (sin complicarse)

Un lunes imprimí el listado de clientes y los dividí en tres zonas:

  • Premium urbano
  • Mixto centro-barrio
  • Ahorro periférico

Luego los crucé con tres tipos de cliente:

  • Perfumería
  • Salón profesional
  • Parafarmacia

Seis combinaciones. Suficiente.

Con seis meses de ventas, asigné a cada tienda su perfil: ticket medio, productos más vendidos, peso de productos capilar vs piel.

Sin teorías. Solo datos que ya tenía.

Semana 2: menos surtido, más intención

Definimos una regla muy simple:

  • 70% Núcleo: lo que siempre se vende
  • 20% Aceleradores: novedades con objetivo
  • 10% Prueba: si no funciona en 60 días, fuera

Y lo llevamos al estante:

  • A la altura de los ojos: lo que más margen deja
  • A mano: rotación media
  • Abajo: volumen y pruebas

También pusimos un límite: demasiados productos no venden más, venden menos.

Semana 3: reglas claras con el cliente

Preparé un acuerdo de dos páginas. Sin líos:

  • Espacio definido por categoría
  • ​Reposición en 48–72h
  • ​Sustitución si algo no funciona
  • ​Yo pongo material promocional; el cliente mantiene el orden
  • ​Bonus si mejora la rotación

Lo imprimí y me fui a ver clientes. 

Semanas 4–5: salir a la calle

En la primera tienda me dijeron lo de siempre:

  • “No tengo espacio”.

Mi respuesta: 

  • “No vengo a pedirte espacio. Vengo a hacer que tu metro venda más.”

​Montamos el nuevo lineal: orden, mensajes claros, testers.

Foto del antes y después.

Checklist colgado dentro del mueble.

Y próxima visita fijada. ​

Repetí esto en 10 tiendas.

Semanas 6–7: ajustar (y equivocarse)

​A las dos semanas, vuelta a empezar:

  • ​Ajustar frentes según ventas reales
  • ​Reponer antes de quedarnos sin stock

Y un error claro: en una tienda metimos demasiadas novedades faciales… y desplazamos lo que sí rotaba. 

Volvimos a la regla 70/20/10. Se arregló.

Semana 8: cambiar sin discutir

​A los 60 días, lo que no funcionaba salió.

Sin drama. 

Estaba pactado desde el principio.

Entraron productos mejor adaptados a cada zona.

Y todo fluyó. 

Medir sin volverse loco

Nada de informes eternos.

​Una página A4 por tienda:

  • ​Rotación por metro
  • ​Entregas a tiempo
  • ​Días de stock
  • ​Roturas de stock
  • ​Margen

Semáforos.

Rojo = actuar. 

Lo que realmente marcó la diferencia

Había una frase que abría puertas: 

“Vamos a mejorar lo que vendes por metro y evitar roturas. Yo me comprometo a servir a tiempo.​ Si algo no funciona, lo cambio.”

No era discurso.

Era compromiso.

Semanas 9–10: la logística también vende

Detectamos el problema: entregas desordenadas. 

Solución simple:

  • ​Día y hora fija por tienda
  • ​Preparar pedidos según el orden del estante

Resultado: menos errores y más eficiencia. 

Semanas 11–12: resultados

En 90 días:

  • ​+34% de rotación en el núcleo
  • Entregas a tiempo por encima del 96%
  • ​Menos stock parado
  • ​Más margen

Pero lo mejor no fueron los números. 

Fueron las conversaciones.

Clientes pidiendo más espacio.

Marcas queriendo invertir.

No por imagen.

Por ventas.

Lo que me quedo:

  • ​El surtido manda
  • ​Lo simple funciona
  • ​Poder cambiar productos protege la relación
  • ​Entregar bien es parte del producto
  • ​Sin revisión frecuente, todo se cae

Hoy estamos replicando el modelo en más tiendas. 

No he inventado nada.

He puesto reglas claras, he medido… y he cumplido.

​Ana no existe.

​Pero la oportunidad sí.

Y no es solo en cosmética. 

Esto va de hacer, no de pensar demasiado. 

​Así que ya sabes.

Muévete.

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