La dicotomía entre el lector y el periodista

Los lectores cada día son menos… Lectores. Acostumbrados a los rápidos flujos de información en Twitter o Facebook, pocos son los que están dispuestos a leerse un artículo de dos o tres páginas.

Por otra parte, el periodista, que lleva currándose el artículo un par de días o incluso semanas, quiere demostrar que sabe de lo que escribe y hacerlo usando un estilo que le reafirme por su calidad. Eso lleva, casi siempre, más espacio del que el lector está dispuesto a concederle.

Ni qué decir tiene que, si se puede saltar el artículo y verlo en un vídeo en Youtube, con frecuencia lo prefiere.

Podemos decir que los lectores ya no son lo que eran y que están peor preparados que antes y que estamos creando una civilización de gente superficial, sin capacidad de concentración e incapaces de dar el valor que tiene a la buena lectura. Sin embargo, echarle la culpa al cliente nunca ha resultado bien.

¿Qué hacer? Lo importante es convencerse de que es necesario un cambio hacia el lector. Cada día están menos dispuestos a leerse artículos de gran calado que llevan más de media hora de lectura. Se acostumbran a leer temas interesantes con contenidos fraccionados en enlaces externos –algo que ahora Google penaliza por lo que se ha abusado de ellos- pero que el lector, cuando son reales, agradece.

El periodista tiene, de nuevo, que ponerse en la postura del lector y escribir de la forma en la que éste quiere leer.


Me llama la atención con un título y un mini artículo, si me gusta, me dejas profundizar más a través de un enlace y si realmente me interesa, me das acceso a tu investigación para que haga una idea que como has llegado a las conclusiones que me explicas en tu artículo.

El periodismo, como casi todas las profesiones, ha tenido una era de ocultismo en la que el conocimiento era poder y había que tenerlo muy escondido para que nadie más que nosotros lo supiera. Eso cuadra muy mal con la situación actual de un mercado de alcance global con millones de ‘cotillas’ dispuestos a contar lo más secreto de sus vidas al mundo entero.

En las redes sociales eres o no alguien por lo que los demás creen de ti. Ya no vale una cabecera o una firma –siguen siendo válidas en ciertos círculos- pero la gente joven tienen que sentir que la persona ‘mola’ y eso tiene otras connotaciones que no sólo tienen que ver con la calidad de lo que escriben.

La humildad es la clave para aprender. De nada sirve enfadarse, si crees que te tratan de mala manera, es mejor escuchar y tratar de entender la postura del otro. En muchos casos –no en todos- la tiene.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

¿Estás bien? El peor enemigo del CEO es la comodidad

¿Estás bien? El peor enemigo del CEO es la comodidad

A veces me llaman y me dicen: "No estamos mal". Y lo dicen con cara de alivio... como si hubieran aprobado por los pelos y ya pudieran irse a casa. Y ahí comienza el problema. Porque el peor enemigo del CEO no es la crisis. El enemigo es la comodidad. La comodidad es...

El síndrome del fundador imprescindible

El síndrome del fundador imprescindible

La trampa mortal de ser insustituible… El síndrome del fundador imprescindible. He visto morir varias operaciones de compra-venta por la misma razón. Empresas rentables, con tracción, clientes contentos… Pero cuando el comprador empezó a hacer la “due diligence”...

Detecté dónde había fricción … y el negocio creció

Detecté dónde había fricción … y el negocio creció

Hace unos días hice un ejercicio de revisión que te puede interesar… Recorrí mi propio proceso de compra como si fuese un cliente:  desde que alguien me descubre hasta que conoce cuál es el primer beneficio real. Cronómetro en mano.​ Y descubrí dos cosas: Había pasos...

rodolfo-carpintier-cardom-logo

Email

rodolfo@rodolfocarpintier.com

© 2026 Cardom Digital S.L. by Rodolfo Carpintier