Pivotar: ¿cambiar de rumbo o admitir que te equivocaste?

Pivotar se ha puesto de moda. Hoy parece que toda empresa emergente que se precie, “pivota” cada dos meses.

A veces, porque descubren una gran oportunidad. Otras, porque su modelo inicial no funciona y necesitan reinventarse para sobrevivir.

Pero pivotar no es, o no debería ser, un eufemismo para decir “estábamos perdidos y probamos otra cosa”.

Pivotar es ajustar el rumbo sin perder el norte.

Es tener claro a qué problema quieres dar respuesta y aceptar que, quizá, la forma que habías elegido no es la adecuada.

Lo he visto muchas veces:

  • Startups que nacieron como plataformas de servicios y acabaron siendo empresas de software porque el mercado lo pedía.
  • Compañías que comenzaron vendiendo a consumidores y terminaron facturando el 90% al mercado corporativo porque ahí estaba el dinero.
  • Emprendedores que se enamoraron de una solución… hasta que entendieron que nadie la necesitaba. Y entonces, escucharon de verdad a sus clientes.
  • Empresas logísticas que cambian de rumbo porque no tienen margen suficiente.
  • Empresas de RR.HH. que tienen que reinventarse para poder seguir dando servicio a sus clientes comprando especialidades de las que no disponen dentro.

Pivotar no es debilidad.

Es una de las mayores fortalezas de cualquier emprendedor o empresa que quiera sobrevivir en un mundo donde las reglas cambian cada trimestre.

Pero pivotar por pivotar, sin un análisis serio, es una forma rápida de gastar recursos, tiempo y credibilidad.

La clave está en saber cuándo insistir y cuándo adaptarse.

Porque la línea entre persistencia y obstinación es tan fina como peligrosa.

Mi consejo, después de haber visto de cerca más de 60 compañías:

  • 1. Escucha al mercado antes que a tu ego.
  • 2. Haz números fríos antes de enamorarte de la idea.
  • 3. Si pivotas, hazlo rápido y con decisión. Nada es peor que una empresa a medio gas entre dos modelos.

En los negocios, como en la vida, sobrevive quien sabe moverse sin perder de vista hacia dónde va.

Eso, al final, es pivotar bien.

No se trata de seguir una nueva corriente o lo que ha hecho tu competidor más conocido.

Se trata de una reflexión con tus clientes.

Pivota sólo si estás seguro de que entiendes lo que haces.

No se trata de cambiar el foco de repente.

Piensa en tu visión a largo plazo y cómo llegas a ella. Aprovecha la tecnología que ya tienes.

No hagas grandes inversiones hasta ver resultados positivos.

Mantente flexible.

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