¿Dudas? Claro que existen.
Hay una idea muy extendida: que la experiencia es la vacuna contra la inseguridad.
Que cuantos más años llevas liderando equipos, tomando decisiones o construyendo proyectos, menos dudas te asaltan.
La realidad es distinta.
He conocido a directivos con décadas de trayectoria, con éxitos probados, que siguen preguntándose en silencio:
– “¿Y si esta vez no estoy a la altura?”
– “¿Y si descubren que no sé tanto como creen?”
Eso es el síndrome del impostor, y no respeta la edad ni la experiencia.

De hecho, en los veteranos aparece con un matiz curioso: ya no viene del desconocimiento, sino del contraste entre lo que saben que ignoran y lo que los demás esperan de ellos.
Cuanto más sabes, más consciente eres de todo lo que aún queda fuera de tu control.
El problema es que el mundo de hoy no ayuda.
Los cambios son cada vez más rápidos.
Las nuevas generaciones dominan herramientas, lenguajes y códigos que a muchos les resultan ajenos.
Y aunque la experiencia da perspectiva, también puede generar la sensación de estar quedándose atrás.
He visto a líderes ocultar sus dudas tras una fachada de seguridad.
Otros se paralizan, evitando tomar decisiones por miedo a equivocarse.
Algunos incluso renuncian a dar el salto a nuevos proyectos porque piensan que ya no “están en forma”.
Pero hay un aprendizaje clave: el síndrome del impostor no desaparece negándolo.
Se reduce enfrentándolo.

¿Qué funciona contra el síndrome del impostor?
1. Nombrarlo.
Decir “sí, siento que no sé suficiente” quita poder a ese pensamiento.
2. Compartirlo con otros pares.
Descubres que no eres el único. Casi siempre, la mayoría en la sala siente lo mismo.
3. Recordar el valor de la experiencia.
No todo se mide en conocimientos técnicos. La capacidad de leer contextos, gestionar personas y mantener la calma en crisis es algo que sólo se gana con años.
4. Volver a aprender.
Nada combate más al impostor que la curiosidad activa. Cada vez que te abres a algo nuevo, demuestras que no necesitas saberlo todo para seguir creciendo.
El directivo veterano que reconoce sus dudas no es débil: es humano.
Y, en realidad, esa vulnerabilidad puede convertirse en una fortaleza.
Porque inspira a otros a mostrarse tal como son y crea equipos más auténticos.
La próxima vez que una voz interna te susurre “no estás preparado”, recuerda esto: si has llegado hasta aquí, es porque ya has superado decenas de momentos en los que pensabas lo mismo.
La experiencia no elimina las dudas, pero sí te enseña a convivir con ellas y avanzar igual.
¿Dudas?
Todos dudamos.
Persiste y apóyate en la IA para temas que no controlas del todo.
Un asistente virtual de IA puede facilitarte el estar siempre a la altura.
Pero comprueba todo lo que te diga.
A veces miente.

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