90.000 piezas. 1.250 horas de trabajo. Más de 30.000 automóviles.
No son las cifras de una nueva fábrica.
Son parte del currículum de Figure 02, un robot humanoide que estuvo trabajando durante diez meses en la fábrica de BMW en Spartanburg, Estados Unidos.
Su tarea era bastante menos espectacular que bailar, correr una maratón o preparar un café para YouTube.
Cogía piezas de chapa y las colocaba con precisión para su posterior soldadura.
Una y otra vez.
Precisamente por eso me interesa.
Porque mientras nosotros seguimos hablando de ChatGPT, documentos, agentes y asistentes virtuales, la Inteligencia Artificial está empezando a salir de la pantalla.
Le están poniendo manos.

BMW ya está probando en esa misma fábrica Figure 03, una generación más avanzada destinada a tareas logísticas donde las piezas no llegan siempre exactamente en la misma posición y el robot tiene que observar y adaptarse.
También está llevando robots humanoides a su fábrica de Leipzig.

A esto se le empieza a llamar…
Physical AI: inteligencia artificial capaz de percibir el mundo físico y actuar sobre él.
Ahora bien, no vendamos todavía la fábrica a los robots.
Hace unos días Reuters analizaba el espectacular desarrollo de los humanoides en China y llegaba a una conclusión bastante menos cinematográfica:
Pueden hacer demostraciones sorprendentes, pero muchas tareas reales de fábrica continúan siendo difíciles.
Y eso es precisamente lo interesante.
Estamos en ese momento incómodo en el que una tecnología todavía falla mucho… pero ya funciona lo suficiente como para empezar a hacer números.
Ahí es donde yo prestaría atención si tuviera una empresa industrial, logística, hotelera o sanitaria.

No empezaría preguntándome cuándo podré sustituir personas por robots.
Buscaría algo mucho más aburrido.
- ¿Qué tarea física repetimos cientos de veces al día?
- ¿Cuál exige esfuerzo, provoca lesiones, tiene horarios difíciles o cuesta cubrir con personal?
- ¿Y cuánto me cuesta realmente cada vez que alguien la realiza?
Porque cuando podamos comparar ese coste con el de una máquina por hora, por pieza movida o por tarea terminada, la robótica dejará de ser una demostración tecnológica.
Se convertirá en una decisión empresarial.
Hace tiempo escribí sobre 👉 El impacto de automatizar
Entonces hablaba de máquinas capaces de asumir procesos repetitivos.
Ahora aparece una diferencia importante.
La máquina empieza a poder adaptarse cuando el mundo que tiene delante no está perfectamente ordenado.
Y quizá ésa sea la señal que deberíamos vigilar.
- La revolución de los robots no empezará cuando uno camine como nosotros.
Empezará cuando al hacer tus números descubras que merece la pena contratarlo.
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