Durante años, cuando una empresa necesitaba más potencia informática, hacía lo de siempre.
Compraba servidores.
Los instalaba.
Y esperaba que fueran suficientes durante los siguientes cinco años.
Hoy cada vez ocurre menos.
La inteligencia artificial ha cambiado las reglas del juego.
Hay empresas que necesitan una enorme capacidad de cálculo… pero sólo durante unas horas o unos días.
Entrenar un modelo.
Procesar miles de imágenes.
Analizar grandes volúmenes de datos.
Después, esa necesidad desaparece.
Y mantener una infraestructura enorme para usarla sólo de vez en cuando deja de tener sentido.
Por eso están creciendo los llamados marketplaces de capacidad de computación.

En lugar de comprar máquinas, alquilas potencia.
La utilizas.
Pagas.
Y te marchas.
Es exactamente lo mismo que ocurrió hace años con la electricidad.
Las fábricas dejaron de tener su propio generador porque era más eficiente conectarse a la red.
Ahora empieza a pasar algo parecido con la inteligencia artificial, pero creo que el aprendizaje va mucho más allá de las GPU.
Cada vez compramos menos activos.
Y más capacidad.
– No compramos servidores.
Compramos horas de cálculo.
– No compramos software.
Compramos suscripciones.
– No compramos coches.
Contratamos movilidad.
El valor ya no está en poseer.
Está en acceder cuando lo necesitas.
Eso cambia la forma de construir empresas.
- Reduce inversiones iniciales.
- Permite crecer más deprisa.
- Y convierte muchos costes fijos en costes variables.

Ahora bien, aquí aparece un error bastante habitual.
Muchas empresas siguen intentando vender tecnología.
Hablan de procesadores, memoria, latencia o modelos de GPU.
Y el empresario no quiere comprar nada de eso.
Quiere saber otra cosa.
- ¿Cuánto tiempo voy a ahorrar?
- ¿Cuándo recuperaré la inversión?
- ¿Puedo asumir un pico de trabajo sin comprar más infraestructura?
- ¿Dormiré tranquilo si esto falla?
Eso es lo que realmente compra.
No la tecnología.
La tranquilidad.
Por eso creo que el negocio no estará sólo en ofrecer capacidad.
- Estará en facilitar su uso.
- En controlar el gasto.
- En integrarla con los procesos de la empresa.
- Y en conseguir que todo funcione sin obligar al cliente a convertirse en un experto.
La historia demuestra que la tecnología acaba convirtiéndose en una commodity.
Lo difícil nunca es vender el motor.
Lo difícil es hacer que cualquiera pueda conducir.
Te comparto una reflexión que ya hice sobre los cambios en los modelos de negocio y por qué el verdadero valor ya no suele estar en la tecnología, sino en la forma de ponerla al servicio del cliente.
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