Hay una pregunta que pocas empresas se hacen:
—¿Qué ocurre después de que mi cliente decide comprar?
Normalmente, lo echamos de casa.
Le mandamos una factura.
Lo enviamos al banco.
A una financiera.
A una aseguradora.
Y esperamos que vuelva.
Es curioso.
Nos gastamos una fortuna intentando que el cliente entre en nuestro proceso y, justo cuando aparece el dinero, se lo entregamos a otro.
Eso está cambiando.

Finanzas embebidas: Cada vez más plataformas incorporan pagos, financiación o seguros dentro del propio servicio.
Lo interesante no es el término de finanzas embebidas. Es lo que sucede cuando incorporas la parte financiera a la experiencia que ya ofreces al cliente.
Piensa en un software para talleres.
El taller prepara el presupuesto, consigue la aprobación del cliente y gestiona la reparación.
Hasta ahí, software.
Pero imagina que desde la misma aplicación también puede cobrar la reparación, ofrecer al cliente pagarla en tres plazos y contratar una garantía adicional.
La empresa de software acaba de cambiar de negocio sin dejar de hacer lo que hacía.
Sigue vendiendo software, pero ahora participa también en la transacción.
Y ahí aparece algo todavía más valioso que la comisión.
Información.
- Sabe cuánto se factura.
- Qué servicios se venden más.
- Qué clientes pagan antes.
- Cuándo aumenta la demanda.
- Qué establecimientos están creciendo.
Eso permite ofrecer mejores servicios y hacerlo justo cuando el cliente los necesita.

No es casualidad que las plataformas B2B estén avanzando con las finanzas embebidas.
Cada vez más, los pagos se están integrando en ERP, software vertical y sistemas de compras, hasta convertirse en parte natural de la operación diaria.
La clave, sin embargo, no consiste en añadir servicios financieros porque están de moda.
Consiste en preguntarse:
- ¿Hay algún momento de mi relación con el cliente en el que le obligo a salir del proceso de mi plataforma para resolver algo relacionado con el dinero?
Si la respuesta es sí, quizá exista una oportunidad.
- Puede ser pagar.
- Financiar una compra.
- Asegurar un equipo.
- O anticipar una necesidad de capital.
No tienes que convertirte en banco.
De hecho, normalmente será un tercero regulado quien gestione la parte financiera.
Tu ventaja es otra.
Tú ya tienes al cliente.
Conoces el contexto.
Y sabes exactamente cuándo aparece la necesidad.
Ya te he explicado que la financiación está dejando de vivir exclusivamente en los bancos, porque cuando facilitas también el pago, la financiación o la cobertura que necesita tu cliente, no sólo aparece una posible nueva fuente de ingresos.
También haces que tu producto resuelva una parte mayor de su problema.
Y cuanto más importante seas en su operativa, menos razones tendrá para buscar fuera.
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