Marta lleva 12 años con “El Desván de la Plaza”. Una tienda de decoración en pleno centro.
Buen gusto, clientes de toda la vida… y una rutina muy clara: abrir, vender… y bajar la persiana a las 20:30.
Cada diciembre decía lo mismo:
- “Este año abro la tienda online.”
Y cada año… no pasaba.
Hasta que éste, sí.
Pero no empezó como casi todos.
No buscó una web bonita.
Buscó a alguien que supiera vender online.
Ahí apareció Diego.

En la primera reunión, Marta esperaba ideas de diseño.
Diego pidió otra cosa: albaranes, márgenes… y qué productos se vendían de verdad.
- “Si no sabes qué rota, vender online te va a salir caro”, le dijo.
Y ahí cambió el enfoque.
En lugar de subir todo el catálogo… eligieron sólo 120 productos.
Los que se vendían bien.
Los que se podían enviar sin problemas.
Y montaron algo muy sencillo: Packs para el salón, el dormitorio y regalos, con ticket medio >50 €.
Fácil de entender. Fácil de comprar.
Abrieron la web… sin hacer ruido.
Nada de “gran lanzamiento”.
Sólo un cartel en la tienda: “Ahora también online.”
Un código BARRIO10 para clientes de siempre.
Click & collect: pide por la web, recoge al salir del trabajo (Marta ya conocía a sus vecinos).
Y un botón de WhatsApp para dudas.
Para generar tráfico que convierte:
Diego se ahorró los euros de los anuncios comunes. Optó por exactitud:
- Campañas locales (radio 10 km): «Obsequia sin bolsas.”; «Lo dejamos en casa o lo recoges en 2 minutos».
- Correo a la base (1.200 contactos): «Tu tienda de siempre, ahora a un clic. 10% en la primera compra online”.
- Redes con contenido útil: vídeos cortos de “cómo queda” el pack salón en un piso real; precios a la vista y CTA: “pídelo aquí”.
El primer pedido llegó rápido.
Una cliente de toda la vida.
Compró online… y recogió en tienda.
“¡Por fin!”, dijo.
Ahí supieron que iban bien.
En pocas semanas empezó a moverse.
La mitad de los pedidos se recogían en tienda.
La otra mitad se enviaban.
- Los packs funcionaban.
- El ticket medio subía.
- Y empezaron a llegar clientes nuevos.

No todo fue perfecto.
Se rompieron algunos envíos. Se arregló el embalaje. Hubo horas punta. Se organizó mejor el trabajo.
Nada dramático.
Todo ajustable.
Y aquí vino lo importante.
Marta no cambió su forma de vender. La trasladó.
- Seguía hablando con clientes: Sólo que ahora también por WhatsApp.
- Seguía recomendando productos: Sólo que ahora en packs.
- Seguía cuidando la experiencia: Sólo que ahora también en el envío.
A los tres meses, los números eran claros:
- más ventas: +13% sobre la facturación de tienda.
- más clientes: coste de adquisición 6,80 € por pedido.
- mayor satisfacción: reseñas 4,7/5
- y sin perder la tienda de siempre.
Marta lo resumió muy bien:
“Seguimos siendo la tienda de la plaza… pero ahora también estamos en sus casas.”
Y esa es la clave.
No se trata de “tener web”.
Se trata de vender más… sin dejar de ser quién eres.
Porque competir con Amazon es imposible.
Pero ser tú… eso sí que no lo puede copiar nadie.

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