Resurgir de tus cenizas: Caer, romperse… y volver a empezar

Resurgir de tus cenizas. ¿Te ha pasado?

¿Has podido experimentarlo con algún amigo?

Han quebrado y parece que no van a poder salir del hoyo. Sin embargo, les encuentras un par de años más tarde y han rehecho su vida.

¿Cómo lo han logrado?

Bueno, si ya has sido empresario –que se lo pregunten a José Elías– ya has aprendido el camino y sabes cómo volver a él.

En algunos casos la reinvención es completa, han vuelto a emprender en un área nueva que desconocían anteriormente.

En otros casos, repiten el modelo.

Recientemente, me encontré con un empresario, superquebrado y con muchos juicios a cuestas –todavía pendientes de sentencia– que sigue con la idea de crear una nueva empresa que, aunque tiene poco que ver con la anterior que quebró -entiendo que de manera fraudulenta inventando cifras y ventas que no existían- pero que ahora, en otro ámbito, repite el modelo global, muy ambicioso.

Un Ave Fénix completa.

¿Lo conseguirá?

Ni idea, pero quiere intentar devolver el dinero a sus anteriores accionistas. 

Cosa un tanto difícil porque estamos hablando de cientos de millones, pero está convencido y busca compañeros de viaje para la nueva aventura.

No es un ámbito que me interese especialmente, pero estoy seguro que, si no le meten antes en la cárcel, lo va a intentar.

La combinación de mentira con ambiciones desmedidas son una mala mezcla, pero hay gente que convive con ambas condiciones como si fueran naturales.

Lo son para ellos…

Justo antes de que intervinieran su empresa y le acusaran de robo y administración desleal, me había encontrado con él y me había dicho que estaban a punto de salir en el NASDAQ.

Estaba convencido.

Se había creído su propia mentira.

Son los más peligrosos.

¿Por qué es peligrosa la mentira y la ambición desmedida?

Pues porque se creen sus propias mentiras y hablan con la confianza de quien cree estar en posesión la verdad.

Pero es importante renacer después de un gran batacazo.

Es mejor si has aprendido algo y entiendes lo que has hecho mal. 

Equivocarse es humano, pero creer que todo ha sido culpa de los demás y que tú no tienes ninguna, no te ayuda…

No has aprendido nada.

Mírate al espejo, reconoce tu culpa, grande o pequeña y vuelve al ruedo.

Si ya lo has hecho antes, sabes cómo volver a hacerlo.

No llores.

Actúa.

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