Haz mañana una prueba.
Pregunta en tu empresa qué herramientas de inteligencia artificial utiliza cada uno.
No cuáles paga oficialmente la compañía.
Cuáles utilizan de verdad.
Puede que te lleves una sorpresa.
- Uno trabaja con ChatGPT.
- Otro prefiere Claude.
- Otro utiliza Gemini porque ya lo tiene integrado en su entorno.
- El programador tiene su herramienta favorita.
- Y alguien ha descubierto una aplicación maravillosa que cuesta 19 euros al mes y paga con su propia tarjeta.
Todos están intentando ser más productivos.
El problema es que nadie tiene el mapa completo…
Esto ya tiene nombre: Shadow AI.

Shadow AI es la versión moderna de aquel shadow IT que apareció cuando los empleados empezaron a contratar software sin esperar a que Sistemas les diera permiso.
Sólo que ahora hay una diferencia importante.
A estas herramientas no sólo les damos acceso.
Les damos información.
Contratos, propuestas comerciales, datos de clientes, código, hojas de cálculo, estrategias …
Y empiezan las preguntas incómodas.
- ¿Qué información está saliendo de la empresa?
- ¿Quién puede utilizar qué?
- ¿Estamos pagando varias veces por lo mismo?
- ¿Y qué ocurriría si mañana desaparece una de esas herramientas?
No es una preocupación teórica.

En 2026, el problema ha crecido tanto que ya están apareciendo sistemas específicos para que las empresas descubran qué herramientas y agentes de IA utilizan sus empleados sin autorización.
Prohibirlas todas sería absurdo.
La gente las utiliza porque resuelven problemas.
La solución es otra: hacer inventario y poner unas reglas comprensibles.
Yo empezaría por algo bastante poco tecnológico.
Preguntaría a cada equipo qué IA utiliza, para qué y qué información introduce en ella.
Después decidiría cuáles tienen sentido para la empresa.
Puede haber varias.
Lo importante es saber por qué están ahí.
Y establecería una regla que cualquiera pueda recordar:
- información pública, adelante;
- información interna, con herramientas autorizadas;
- información sensible, sólo en entornos expresamente aprobados.
No hace falta un manual de 87 páginas que nadie leerá.
Hace falta criterio.
Porque estamos entrando en una segunda etapa de la IA empresarial.
- 1ª. La primera consistió en conseguir que nuestros equipos la probaran.
- 2ª. La siguiente consiste en aprender a gestionarla.
Llevo tiempo hablando de cómo introducir inteligencia artificial en la empresa sin confundir velocidad con estrategia.
Así que mañana no preguntes:
— ¿Utilizamos IA?
Eso ya lo sabes.
Pregunta algo bastante más interesante:
— ¿Sabemos realmente qué IA estamos utilizando?

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