Imagina que vas a comprar una empresa.
Los números son buenos.
Crece.
Tiene clientes.
El EBITDA convence.
Los abogados revisan los contratos y los financieros hacen lo suyo.
Todo parece razonable.
Hasta que alguien hace una pregunta:
— Y toda esta inteligencia artificial, ¿con qué datos funciona la IA?
Silencio.
Ahí puede empezar el problema.

Cada vez más empresas utilizan IA en ventas, operaciones, selección de personal, atención al cliente, precios o análisis.
Y cuando compras una compañía también estás comprando todo eso.
- Sus datos.
- Sus modelos.
- Sus automatizaciones.
- Y sus posibles errores.
Es una especie de deuda oculta que todavía no siempre aparece en una due diligence tradicional.
Pongo un ejemplo.
Compras una empresa cuyo sistema de IA funciona estupendamente.
- Después descubres que parte de los datos utilizados proceden de fuentes sobre las que nadie tiene demasiado claro los derechos de uso.
- O que el modelo depende de un proveedor externo que mañana puede cambiar precios o condiciones.
- O algo todavía más divertido: El sistema funciona porque hay dos personas que saben cómo mantenerlo y una de ellas se marcha después de la adquisición.
De repente, aquello que parecía tecnología propia se convierte en dependencia.

Por eso creo que la due diligence está cambiando.
Ya no basta con preguntar cuánto factura una empresa, cuánto debe o cuánto concentra en sus cinco principales clientes.
También habrá que entender cómo utiliza sus datos y su IA para producir esos resultados.
No hace falta que el CEO se convierta en ingeniero.
Hace falta hacer buenas preguntas.
- ¿De dónde salen los datos?
- ¿Tenemos derecho a utilizarlos?
- ¿Quién controla los modelos?
- ¿Cuánto cuesta realmente mantenerlos?
- ¿Y qué ocurre si mañana apagamos esa IA?
La regulación europea añade otra razón para hacerlo.
Este agosto han empezado a aplicarse nuevas obligaciones del AI Act, mientras que las exigencias para determinados sistemas considerados de alto riesgo llegarán posteriormente.
La dirección es bastante clara: documentación, trazabilidad y control van a importar cada vez más.
Y eso afecta directamente al valor de una compañía.
- Una IA bien construida puede ser un activo extraordinario.
- Una IA que nadie comprende puede ser exactamente lo contrario.
Una buena adquisición no consiste únicamente en comprar lo que una empresa es hoy… consiste en entender qué será capaz de hacer mañana.
La próxima vez que alguien te enseñe una empresa maravillosa gracias a la IA, no preguntes solamente cuánto valor genera.
Pregunta también:
- ¿Qué sustenta ese valor cuando levantamos el capó?
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