Hay empresas que gastan una fortuna en tecnología para conseguir algo sorprendente:
- Seguir trabajando exactamente igual que antes.
Recuerdo una que acababa de invertir casi un millón de euros en implantar un nuevo sistema de gestión (ERP).
Estaban encantados.
Y tenían motivos.
Habían conseguido integrar buena parte de la información de la empresa en una sola herramienta.
Durante la presentación todo parecía magnífico.
Hasta que hice una pregunta:
- — ¿Y cómo utilizáis ahora toda esta información para tomar decisiones?
El director financiero dudó unos segundos.
— Bueno… normalmente la exportamos a Excel y preparamos nuestros informes.
No pude evitar sonreír.
Un millón de euros después, seguían tomando decisiones prácticamente como diez años atrás.
Y no era culpa de Excel.
Tampoco del nuevo sistema.
Habían cambiado la tecnología, pero no habían cambiado sus costumbres.

Esto lo he visto muchas veces.
Empresas con programas extraordinarios, informes preciosos y gráficos de todos los colores, pero cuando preguntas qué decisiones han cambiado gracias a esa inversión, las respuestas empiezan a escasear.
Porque comprar tecnología es relativamente sencillo.
Lo difícil es cambiar la manera de trabajar.
Y todavía más difícil, cambiar la manera de dirigir.
Ahora con la inteligencia artificial corremos el riesgo de repetir la película.
- Invertiremos en nuevas herramientas.
- Contrataremos especialistas.
- Automatizaremos informes.
Y, quizá, terminemos haciendo las mismas reuniones, discutiendo los mismos problemas y tomando las mismas decisiones.
Sólo que mucho más deprisa.
¿De qué habrá servido entonces? ¿Un millón de euros para seguir haciendo lo mismo?
Creo que la verdadera revolución de la IA no estará en producir más información.
Estará en ayudarnos a descubrir cosas que antes no veíamos y, sobre todo, en atrevernos a actuar en consecuencia.
Porque los datos, por sí solos, no cambian ninguna empresa.
Las decisiones sí.
Ésta es una de las cuestiones que me interesan especialmente cuando trabajamos en ImpulCEO.
Antes de reunirnos estudio los números, los productos y la evolución del negocio.
Pero no para enseñarte veinte gráficos.
Lo que quiero descubrir contigo es qué estamos haciendo por costumbre, qué deberíamos cuestionar y qué decisiones pueden tener un impacto real.
Después de tantos años viendo empresas, hay algo que tengo bastante claro:
La tecnología puede cambiar en meses.
Las costumbres empresariales tardan años.
Y muchas veces son esas costumbres, no la falta de tecnología, las que frenan el crecimiento.
Si quieres dedicar una mañana a mirar tu empresa con otros ojos, lo podemos trabajar en ImpulCEO.

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