En marzo de 2020, Playtomic se quedó prácticamente sin negocio de un día para otro.
No porque hubiera hecho nada mal.
Simplemente cerraron los clubes deportivos por la pandemia de Covid..
Y cuando tu negocio consiste en conseguir que la gente reserve pistas de pádel y tenis, tener las pistas cerradas plantea un pequeño inconveniente.
La actividad cayó a cero.
Hubo incluso ajustes temporales de plantilla.
Lo interesante es lo que hicieron después.
Podían haberse limitado a reducir gastos y esperar a que pasara la tormenta.
En lugar de eso, aprovecharon aquel parón para mejorar la tecnología, trabajar en la escalabilidad de la plataforma y ayudar a los clubes a utilizar mejor sus herramientas.

También fueron entendiendo algo más importante.
Playtomic no era simplemente una aplicación para reservar pistas.
El problema real del jugador era otro: quiero jugar.
Y para jugar al pádel no basta con una pista.
Necesitas otros tres jugadores, preferiblemente de un nivel parecido al tuyo, a una hora compatible y razonablemente cerca.
Ahí estaba buena parte del negocio.
Encontrar jugadores, organizar partidos, competir por niveles, crear comunidad y, además, reservar la pista.
Cuando terminó el confinamiento, el pádel experimentó un crecimiento espectacular y Playtomic estaba magníficamente situada para aprovecharlo.
Pasó de unos 3,2 millones de euros de ingresos en 2019, a cerca de 25 millones en 2020 y 80 millones de facturación bruta en 2021.
La crisis no creó Playtomic.
Pero sí la obligó a mirar con mucha atención qué valor estaba creando realmente para sus clientes.
Y eso me lleva a un ejercicio que haría con cualquier comité de dirección.
Imagina que mañana desaparece durante seis meses nuestra principal fuente de ingresos.
No podemos vender nuestro producto estrella.
- ¿Qué hacemos?
- ¿Esperamos?
- ¿O descubrimos que tenemos capacidades, clientes, tecnología o conocimiento que podrían utilizarse de otra manera?

No estoy proponiendo que provoquemos una crisis para averiguarlo.
Bastantes vienen solas.
- Propongo algo mucho más barato: simularla antes de necesitarla.
Porque una crisis tiene una cualidad curiosa.
Nos quita tiempo, dinero y tranquilidad, pero también elimina de golpe muchos de los “esto siempre se ha hecho así”.
Y quizá entonces descubramos que aquello que nuestros clientes compran de nosotros no es exactamente lo que nosotros pensábamos que vendíamos.
Prepararse para una crisis empieza precisamente por jugar con esos escenarios: perder al mayor cliente, ver caer las ventas o descubrir que la financiación que esperábamos no llega.
Cómo preparar tu startup para una crisis económica (sin drama)
No se trata de ser pesimista.
Se trata de tener un plan B cuando todavía no necesitas desesperadamente un plan B.
Playtomic tuvo que descubrirlo con las pistas cerradas y la facturación parada.
Nosotros podemos hacer el ejercicio con la empresa funcionando perfectamente.
Y quizá descubramos algo mucho más interesante que un plan para sobrevivir: qué otra empresa podríamos construir con todo lo que ya tenemos.

Otros artículos relacionados:








0 comentarios