Las crisis no avisan. Si no te preparas, te ahogan.
Aquí tienes mi receta directa para blindar tu startup cuando lleguen vacas flacas:
- 1. Caja es oxígeno.
El efectivo manda. Calcula tu “runway” (los meses que sobrevives con lo que tienes).
Objetivo: mínimo 12 meses de caja… Si sólo tienes 6, prioriza extenderlo antes de pensar en crecer.
- 2. Baja el “burn rate”.
Revisa todos los gastos. Diferencia lo imprescindible de lo opcional.
Recortar no es fracaso: es comprar tiempo para vivir.

- 3. Sé transparente con tu equipo.
No finjas que todo va bien. Explica la situación, define prioridades y comparte el plan.
El liderazgo real es honesto.
- 4. Cobra antes, paga después.
Negocia. Adelanta cobros a clientes. Aplaza pagos a proveedores.
Refinancia deuda si hace falta.
El dinero que retienes hoy te salva mañana.
- 5. Habla con inversores ya.
No esperes a estar al límite. Pide extensiones, bridges o convertibles antes de necesitarlo.
La confianza se gana planificando, no rogando.
- 6. Encuentra ingresos nuevos.
La crisis obliga a reinventarse.
¿Qué más puedes vender hoy con lo que ya sabes hacer?
¿A qué mercado menos afectado puedes pivotar?
Recuerda: puedes crear un nuevo negocio online con lo que sabes.
- 7. Ten planes B y C.
Piensa escenarios: -30% de ventas, pérdida de tu mayor cliente, ronda que no llega.
Define acciones claras para cada uno.

La crisis no perdona a los ingenuos.
Sobrevive el que se prepara.
No es pesimismo: es tu trabajo como CEO.
En un barco, el capitán debe mantener la moral de todos —tripulantes y viajeros— pero debe ser transparente y no ocultar las dificultades.
El CEO de la empresa es el líder máximo y no puede darse al pesimismo, pero, como explico aquí, tampoco olvidar sus obligaciones para desarrollar planes alternativos que puedan sacar adelante la empresa.

En realidad, en mi experiencia con muchas startups, están técnicamente quebradas de manera regular justo antes de cada aumento de capital.
Mantener la moral de los empleados —sobre todo de los directivos— es una prioridad del CEO.
A mí, la acción que más me gusta, es la de poner en valor nuestras fortalezas y vender más.
Mantener el ánimo del equipo es primordial.
Sí, ya sé, no es fácil.
Si fuera fácil, lo haría cualquiera.
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