La IA tiene que empezar a notarse en el negocio: más margen o más ingresos

Durante los últimos tres años hemos preguntado:

— ¿Cuánta gente utiliza IA en nuestra empresa?

Quizá ha llegado el momento de cambiar la pregunta.

PwC preguntó este año a más de 4.400 CEO por los resultados de sus inversiones en inteligencia artificial.

El 56% respondió que todavía no había conseguido ni aumentar ingresos ni reducir costes.

Sólo un 12% había conseguido ambas cosas.

Mientras tanto, seguimos gastando.

Gartner publicaba en septiembre que el 85% de los responsables de distintas áreas empresariales piensa aumentar su inversión en IA durante 2026.

Me parece fascinante.

Todavía estamos buscando el retorno y ya estamos aumentando el presupuesto.

No necesariamente es un error.

Estamos ante una tecnología extraordinaria y muchas inversiones necesitarán tiempo para madurar.

Pero la conversación está cambiando.

Ya no basta con decir que 500 empleados utilizan Copilot, que hemos impartido 3.000 horas de formación o que tenemos siete pilotos funcionando.

Eso mide actividad.

No necesariamente mide negocio.

Un empleado que prepara una presentación en veinte minutos en lugar de una hora ha ganado productividad.

Perfecto.

Ahora viene la parte difícil.

  • ¿Qué hacemos con esos cuarenta minutos?

Porque si simplemente los ocupamos con otra presentación, la cuenta de resultados probablemente no se haya enterado.

Ahí está, para mí, la siguiente etapa de la IA empresarial.

Hay que empezar a traducirla a euros.

  • ​​Menor coste por factura procesada.
  • Más ventas por comercial.
  • Menos errores por pedido.
  • ​Más clientes atendidos por persona.
  • ​Menor tiempo desde que entra una oportunidad hasta que enviamos la propuesta.
  • ​Más margen.
  • ​Más ingresos.
  • ​O una capacidad nueva que antes no podíamos vender.

Gartner detectaba este verano algo interesante entre los responsables financieros: el 45% de sus inversiones en IA estaba orientado principalmente a productividad, pero sólo el 20% a mejorar la calidad de las decisiones. 

Y los proyectos dirigidos a crear nuevos productos, mercados o propuestas de valor tenían más del doble de probabilidades de generar un valor elevado.

Eso explica parte del problema.

Hemos empezado utilizando IA para hacer más deprisa lo que ya hacíamos.

La oportunidad siguiente es utilizarla para cambiar lo que económicamente podemos hacer.

Por eso dejaría de celebrar el número de usuarios.

Celebraría el número que cambia.

Porque ahí acaba aterrizando toda esta conversación.

La IA puede ser fascinante, generar demos espectaculares y ahorrarnos muchas horas, pero una empresa no vive de horas ahorradas.

Vive de convertirlas en más capacidad, más margen o más ingresos.

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