En febrero de 2026, la empresa sueca Lovable alcanzó los 400 millones de dólares de ingresos recurrentes anualizados con 146 empleados.
Haz la división.
Más de 2,7 millones de dólares por persona.
Una barbaridad.
Y todavía hay más… En junio anunció haber superado los 500 millones de ingresos anualizados y en agosto cerró una ronda de financiación de 400 millones.
Lovable permite crear aplicaciones informáticas explicando en lenguaje corriente lo que queremos construir.
Es uno de los ejemplos más llamativos de cómo la inteligencia artificial está cambiando la productividad empresarial.
Pero hay algo que me gustaría saber antes de utilizar sus cifras como referencia para cualquier empresa.
- ¿Cuánto cuesta producir esos ingresos?
Porque los empleados no son el único recurso que necesita una compañía.

Cuando utilizas inteligencia artificial para programar, atender clientes o analizar información, una parte del trabajo la hacen sistemas que no aparecen en tu nómina.
Pero sí aparecen en alguna factura.
Modelos de IA, servidores, almacenamiento, infraestructura tecnológica, proveedores externos… Y cuanto más utilizan los clientes determinados servicios, más pueden crecer algunos de esos costes.
No estoy diciendo que Lovable tenga un problema de rentabilidad.
No conozco aquí los datos necesarios para afirmarlo.
Estoy diciendo que dividir los ingresos entre el número de empleados no nos cuenta toda la historia.
Imagina dos empresas que facturan diez millones de euros.
La primera tiene cincuenta empleados y unos costes externos relativamente bajos.
La segunda tiene diez empleados, pero necesita pagar cantidades importantes a proveedores tecnológicos por cada operación que realiza.
La segunda puede presumir de un millón de euros de facturación por empleado.
La primera, solamente de 200.000.
- ¿Significa eso que la segunda es cinco veces mejor?
En absoluto.
Podría serlo.
O podría tener unos márgenes mucho peores.
Depende de lo que quede después de pagar todo lo necesario para prestar el servicio.

Imagen: Canuto. Artículo: La IA no paga las cuentas: estudio de OpenAI encuentra cero correlación con ingresos
Y aquí aparece una tentación que vamos a ver cada vez más.
Presumir de que una empresa ha multiplicado su productividad porque ha reducido su plantilla mientras aumenta su utilización de tecnología.
Quizá sea una magnífica decisión, pero conviene comprobar que no hemos cambiado un coste por otro todavía mayor.
A mí me interesa mucho más una empresa capaz de aumentar sus ingresos sin que los costes necesarios para generarlos crezcan al mismo ritmo.
Eso sí es una mejora económica.
La misma lógica sirve para analizar clientes.
No basta con saber cuánto nos compran.
Necesitamos saber cuánto nos dejan.
La IA nos permitirá construir empresas con estructuras que hace pocos años habrían parecido imposibles.
Fantástico.
Pero no confundamos una plantilla pequeña con una empresa extraordinariamente rentable.
La cifra que importa no es cuánto factura cada empleado.
Es cuánto valor económico consigue crear la empresa con todos los recursos que utiliza.

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