La incapacidad permanente. Nací con dos manos izquierdas

¿Incapacidad permanente? Pues sí, hablo de mí.

¿?¿?¿

Me refiero a nacer con dos manos izquierdas.

Prefiero leerme un libro de 2.000 páginas antes que un manual de IKEA.

Y no hablemos de llevar a cabo el “fácil” montaje de algo… para mí es una experiencia religiosa, como dice la canción de Enrique Iglesias… de sufrimiento, claro.

Hemos comprado un nuevo ventilador.

Si ya sé, nada muy original… salvo que mi mujer —yo ni lo intento— lo montó y lo ha puesto a funcionar perfecto, pero no había forma de colocarle el pie sobre el que se debe sujetar.

Es uno de esos ventiladores verticales que puedes poner en cualquier sitio.

Antes llevaban un par de tornillos para sujetar la base con el ventilador, pero ahora -más moderno- han eliminado los tornillos y simplemente tiene dos protuberancias para encajar a presión.

El problema: no hay manera.

Mi mujer ha tenido que pedirme ayuda a mí.

No ha servido de nada.

Bueno sí, de que me ponga histérico para el resto del día.

En cuanto vendan un robot manitas, me lo compro. Aunque me tenga que endeudar. 

Todo sea por la paz interior.

Y, ¿por qué te cuento este rollo doméstico?

Porque en los equipos pasa lo mismo.

La clave está en pedirle a cada uno aquello que hace bien.

Mi mujer, después de más 50 años me conoce bien, nunca ha querido tener un chalet, a excepción de en Dubái, en donde había tanto empleado de soporte, que daba igual que yo no hiciera nada.

Ella es una “manitas”, y yo un… ¿Maldito intelectual con dos manos izquierdas?

Y, por eso, trata de no pedirme nada manual en la casa, y todo va bien.

Me temo que es algo que hacemos mal en las empresas.

¿El qué?

No analizar bien lo que nuestro equipo hace mejor.

Damos ventas al que no sabe vender, números al que odia las hojas de cálculo… y luego nos extrañamos del resultado.

Si haces lo que te gusta, lo haces mejor.

Si, lo sé, a veces hay que hacer cosas que no gustan, pero trata de minimizar los encargos que no se adecuan bien a sus capacidades.

Y sí, yo aquí sigo sin ventilador, esperando que llegue mi yerno para terminar el montaje.

En tu empresa… conoce bien las especialidades de tu equipo y ponlas a trabajar en beneficio de todos.

Porque un buen líder no reparte tareas al azar, sino que coloca a cada uno donde sus habilidades generan el mayor impacto.

Bueno ahora sí, ¡te dejo con un mejor aire!

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