Comer lo que pescas: estrategia empresarial con recursos reales


Durante once años viví en Dubái y algunos de mis mejores recuerdos no están en los rascacielos, sino en las playas de Fujaira y Khor Fakkan.

Los viernes nos escapábamos allí con unos amigos.

Llevábamos refrescos, hielo y poco más.

La comida no iba en la nevera.

La comida estaba en el mar.

Había que pescarla.

A pulmón, con arpón y con bastante puntería.

Si acertabas, comías de maravilla.

Si fallabas, tocaba conformarse con unas patatas y volver a casa con hambre.

Así de sencillo.

Aunque entonces no lo sabía, aquellas jornadas eran un magnífico curso acelerado de estrategia empresarial.

En el mar aprendí una lección que sigo aplicando hoy.

  • No puedes gastar más energía de la que tienes.
  • No puedes perseguir todos los peces.
  • Y no puedes confiar en lo que todavía no has capturado.

En la empresa ocurre exactamente lo mismo.

Muchas compañías hacen planes basados en lo que esperan vender.

Yo prefiero construir sobre lo que ya está entrando en caja.

Primero aseguras el pescado.

Después piensas en el banquete.

También aprendí la importancia del foco.

Cuando veías un buen pez, no disparabas al banco entero.

Elegías uno.

Apuntabas bien.

Y actuabas.

En los negocios pasa igual.

Es mejor acertar con una oferta concreta para un cliente concreto que dispersarse en diez ideas “interesantísimas” que no generan dinero.

Y, por supuesto, no había desperdicio.

Lo que pescábamos, se cocinaba.

Nada sobraba.

Nada se complicaba.

En la empresa esto significa menos productos, menos proyectos improvisados y menos personalizaciones que consumen tiempo y margen.

Cuando una empresa empieza a contratar antes de vender, a lanzar proyectos sin anticipo o a invertir en ideas que todavía no se pagan solas, suele estar confiando en peces que aún no ha atrapado.

Y eso, tarde o temprano, pasa factura.

Crecer no consiste en soñar más.

Consiste en utilizar mejor lo que ya tienes.

  • Caja.
  • Equipo.
  • Experiencia.
  • Clientes.

Si con eso no puedes avanzar, añadir más recursos rara vez resuelve el problema.

Aquellos viernes terminaban de la mejor manera posible.

Después de comer lo que habíamos pescado, pasábamos la tarde conversando frente al mar antes de regresar a Dubái, que entonces estaba a un poco más de una hora de carretera.

Siempre volvía con la misma sensación: con foco, técnica y paciencia, basta.

En la empresa sucede igual.

No necesitas un arsenal > Necesitas apuntar bien.

Y vivir, en la medida de lo posible, de lo que ya eres capaz de generar.

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