Hay una forma muy sofisticada de no tomar decisiones en una empresa.
Se llama convocar una reunión.
Ocho directivos alrededor de una mesa.
Noventa minutos.
Una presentación de PowerPoint interminable.
Muchas opiniones… Algunas bastante brillantes.
Y, cuando parecía que por fin iban a decidir algo, apareció la frase mágica:
- — Bueno, lo seguimos viendo en la próxima reunión.
¡Fantástico!
Acababan de dedicar doce horas de trabajo directivo a conseguir exactamente lo mismo que tenían antes de entrar.
Nada.
Si sumamos preparación, asistentes y tiempo perdido, una reunión así puede acabar costando 4.000 euros.
Pero ese no es el verdadero problema.
Lo caro no es reunirse.
Lo caro es utilizar las reuniones para aplazar decisiones.

He visto empresas en las que el comité de dirección se reunía religiosamente todas las semanas.
Y, sin embargo, los asuntos importantes tardaban meses en resolverse.
- Una inversión pendiente.
- Una campaña que no terminaba de aprobarse.
- Un producto que nadie se atrevía a retirar.
- Un problema con un directivo que todo el mundo conocía.
Cada semana se hablaba de ello.
Cada semana aparecía algún matiz nuevo.
Y cada semana se encontraba una magnífica razón para seguir estudiándolo.
Porque hay algo que rara vez reconocemos:
A veces no necesitamos más información.
Necesitamos asumir la responsabilidad de decidir.
Y eso cuesta bastante más que preparar otro PowerPoint.
Es curioso.
- Cuando una decisión sale bien, todos queremos haber participado.
- Cuando puede salir mal, preferimos que la responsabilidad quede convenientemente repartida entre ocho personas.
Así nacen muchas reuniones eternas.
No por falta de talento.
Ni siquiera por falta de datos.
Sino porque nadie quiere ser el que diga: «Adelante, lo hacemos».
Y mientras tanto, el mercado no espera.
Los clientes tampoco.

Esta es una de las cuestiones que me gusta explorar en ImpulCEO.
Antes de sentarnos estudio los números y la situación de la empresa.
Después dedicamos una mañana a examinar las decisiones importantes que llevan demasiado tiempo dando vueltas.
No para convocar otra reunión.
Sino para entender qué impide resolverlas y qué consecuencias tiene seguir esperando.
Porque una empresa puede perder mucho dinero tomando una decisión equivocada.
Pero también puede perder oportunidades extraordinarias por no tomar ninguna.
Y hay reuniones cuyo mayor coste no son los 4.000 euros que consumen, sino los meses que hacen perder.
Si en tu empresa hay asuntos que llevan demasiado tiempo «pendientes de una próxima reunión», quizá es buen momento para que hablemos de ImpulCEO.
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