Me despierto raro. Creo que he tenido un sueño.
Algo no me cuadra.
Mi mente parece expandida hasta un nivel cósmico.
Me siento ante el ordenador, lo enciendo y me meto en él.
De repente me veo en medio de Internet viendo todo lo que pasa, entendiendo cada dígito, cada programa, cada entorno en el ciberespacio.
Puedo entrar donde me dé la gana.
Hago un par de pruebas y estoy en el mayor banco de España viendo lo que hacen y sabiendo, intuyendo, que puedo cambiarlo a mi gusto.
¿Qué ha pasado?
Intento revivir un sueño que creo haber tenido.

He hablado con un ser de otro mundo, otra galaxia, fuera de nuestro sistema solar.
Empiezo a recordar.
Me ha dicho que ha modificado mi cerebro para que pueda ayudar a mi planeta a dar un salto cuántico en su desarrollo.
Me ha dicho –de repente el sueño parece completamente real– que ahora es como si fuera un ciudadano de la Tierra de dentro de 500 años.
Tengo asumido todo el conocimiento que existe en estos momentos en todas las redes sociales, incluso en el Internet oscuro.
Lo sé todo.

¿Por dónde empiezo con mi sueño?
De repente dispongo de una mente en la que se agolpan conocimientos de ingeniería, de filosofía, de medicina…
Decido que debo aprovechar mis conocimientos para ganar dinero que pueda invertir en ayudar al planeta.
Me invento un sistema agente, tan natural, que todos en Internet van a querer tenerlo.
Tengo acceso a todos los correos del mundo y hablo y escribo todos los idiomas.
Usando escritura persuasiva envío a todos ellos una propuesta de compra de un agente virtual que se pueden modelar como quieran.
El precio es gratis los primeros 30 días y luego lo que el cliente quiera pagar, pero, con un pequeño caveat, si la cifra que pagas es claramente menor del uso que le has dado en esos 30 días se te cancela la cuenta y ya no podrás recuperarla, NUNCA.

A los 30 días soy uno de los hombres más ricos del planeta.
Hacienda está desbordada, no entiende lo que ha pasado, sus sistemas le pasan ingresos increíbles y creen que se han vuelto locos.
Distribuyo mi riqueza en los 10 bancos más grandes del mundo.
Compro en todos ellos participaciones suficientes para tener un puesto en el Consejo.
Les pongo a todos muy nerviosos.
Empiezo a recibir llamadas de los presidentes de los bancos.
Todo el mundo quiere saber quién soy.

Hablo con Elon Musk para decirle como acelerar su proceso de ir a Marte y negocio una participación sujeta a los resultados de mi solución de ingeniería que está dispuesto a probar una vez he contestado a todas sus preguntas.
Negocio con él una base de lanzamiento en Cádiz.
Hablo con el Presidente del Gobierno –lo puedo hacer porque tengo todos los teléfonos del mundo a mi alcance– y le convenzo para tener una reunión con él y su ministro de Hacienda.
Nos vemos y negocio un acuerdo especial para mí.
Me quedo en España, pero con un régimen especial.
Pagaré siempre 1 euro más que la empresa que más pague.
De repente, me despierto atontado.
Me encantó.
Otros artículos relacionados:








0 comentarios