No todas las decisiones tienen que ser definitivas. Primero compra información

Telefónica acaba de comprar el 10% de una empresa sevillana de inteligencia artificial llamada OGA ai.

No el 51%.

No el 100%.

El 10%.

Y me parece más interesante precisamente por eso.

OGA.ai trabaja en inteligencia artificial, optimización y gemelos digitales para empresas industriales. 

Telefónica ha entrado en su capital y, al mismo tiempo, ha firmado una alianza para incorporar esas capacidades a proyectos con grandes empresas y administraciones.

Si funciona bien, estarán dentro.

Si no funciona como esperan, no han comprado toda la compañía.

Han comprado una opción.

Los empresarios tenemos cierta tendencia a convertir las decisiones en bodas.

Entrar en Portugal significa abrir oficina, contratar quince personas y alquilar un local.

Crear una nueva línea de producto significa desarrollar durante un año antes de vender.

Trabajar con una tecnología nueva significa implantarla en toda la empresa.

Comprar una compañía significa comprarla entera.

Pero entre no hacer nada y tirarse de cabeza hay un territorio enorme.

  • Puedes probar Portugal con un socio.
  • Vender cien unidades antes de construir una fábrica.
  • Trabajar con una empresa antes de comprarla.
  • Invertir una pequeña participación.
  • Hacer un piloto con diez clientes antes de cambiar el producto para diez mil.

No porque tengamos miedo a decidir.

Sino porque algunas decisiones deberían servir primero para comprar información.

Telefónica no sabe hoy todo lo que podrá hacer con OGA dentro de cinco años.

Nadie lo sabe, pero ahora tiene acceso a su tecnología, puede trabajar conjuntamente, llevar sus soluciones a clientes y aprender desde dentro sin haber tenido que adquirir el 100% de la compañía.

Esa diferencia me parece especialmente importante en momentos de cambio tecnológico.

Cuando el futuro es relativamente estable, comprometer muchos recursos puede tener sentido.

Cuando cambia cada seis meses, conservar capacidad de maniobra tiene mucho valor.

Claro que las opciones cuestan dinero.

  • Los pilotos cuestan.
  • Mantener dos alternativas cuesta.
  • Entrar con un 10% cuesta.

Pero una decisión equivocada que no puedes deshacer suele costar bastante más.

No todas las decisiones pueden ser reversibles. 

Habrá momentos en los que haya que apostar de verdad.

La cuestión es no hacerlo antes de haber aprendido lo suficiente.

  • Antes de llenar el almacén, vende.
  • Antes de abrir una estructura en otro país, consigue clientes.
  • Antes de construir una fábrica, comprueba la demanda.
  • Y antes de comprar una empresa, quizá tenga sentido empezar trabajando con ella.

¿Y si vendieras antes de comprar?

No es falta de ambición.

Es conseguir que la primera decisión nos dé información para tomar mejor la segunda.

Porque ante un futuro incierto no siempre gana quien hace la apuesta más grande.

Muchas veces gana quien aprende lo suficiente antes de tener que hacerla.

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