¿Rico o soso? ¿Potente o insulso?
Así me podría quedar una mañana con adjetivos.
Me refiero a las palabras que me salen cuando vuelvo del supermercado y pruebo la comida.
- Naranjas que parecen jugosas, pero están más secas que una mojama.
- Tomates rojos carmín, pero sin sabor.
- Leche que parece aguachirri.
- Patatas suculentas que luego están arenosas.
Incomestibles.
No es que hayas perdido el gusto ni el paladar.

Eres más de los que dice:
“La comida no tiene el mismo sabor que antes”.
“Recuerdo los platos que hacía mi madre o mi abuela”
Así pasa con muchos negocios.
«Oro parece, plata no es.»

- Empresas muy bonitas desde fuera, pero resecas e insípidas por dentro.
- Balances y números que son empalagosos, con edulcorantes a capón que enmascaran la realidad.
- Ese cliente que se te atraganta y que no pasa ni con un vaso de agua.
- Una estrategia de ventas con menos carne que unas chuletitas de cordero cubiertas con barbacoa, ketchup y mostaza.
- Un equipo de marketing anclado en el siglo XX, más chapado a la antigua que un arroz hervido de hospital.
- Ese balance de cifras sólo digerible sobre el papel o excel, como masticar una ensalada acartonada embadurnada de aceite y vinagre.
- Un jefe sin experiencia ni actitud ganadora, al que le falta un toque de horno y levadura para que suba el bizcocho.
- Empresarios como chuletones repletos de grasa y agua, que al cocinar se quedan más finos que una loncha de jamón york.
- Tratas de hacer lo mismo que la competencia y ya sabes el dicho, ‘pan con pan, comida de tontos’.
Si a tu negocio le falta una cucharadita sopera de sal.
Te diluyes en tareas cotidianas que no te permiten exprimir y sacar el máximo jugo.
¡Lo siguiente te interesa!

En las empresas, como en la cocina, no tienes que ser un gran cocinero para hacer grandes platos.
Sólo necesitas una buena receta y seguirla al pie de la letra.
Y, como sé que tienes muy buen gusto, tanto si eres CEO, CFO, CMO o Chef, te invito a que veas el evento apetitoso que estamos montando entre tres grandes amigos empresarios.
Puedes llamarnos Dulce, Salado y Ácido.
Cada cual que elija el suyo.
Amargo y Umami los dejamos para otra ocasión.
El nombre lo dice en todo.

Y no es que estemos a dieta.
Sé que tú tienes hambre por mejorar.
¿Por qué deberías bloquearte un fin de semana de tu precioso tiempo?
¿Crees que valdrá la pena el precio que pagarás?
Pocas cosas te sirven para condimentar tus platos y ahora tu negocio:
– Sal
– Vinagre
– Y este evento que damos 2 amigos y un servidor.
De los dos primeros puntos te puedes olvidar que no estamos en clase de cocina.
Del tercero, no.
Más que nada porque queda menos de un mes y hay que ir abriendo boca.

Parece que queda mucho y lo dejas pasar.
Estás empezando a salivar.
Pero luego se agotan las plazas y vendrás con el plato vacío y con hambre.
Aquí te dejo los ingredientes.
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