Imagina esta escena.
El director financiero recibe una videollamada del CEO.
Lo ve.
Escucha su voz.
Habla como él.
Y le pide que haga urgentemente una transferencia relacionada con una operación confidencial.
Hace cinco años, comprobar esas tres cosas habría parecido suficiente.
Hoy ya no.
CaixaBank advertía precisamente este año del crecimiento del llamado fraude del CEO mediante videollamadas creadas con IA.
Y el problema no es solamente que los deepfakes sean cada vez mejores.
El verdadero problema es otro:
Hemos utilizado durante décadas nuestros sentidos como sistema de autenticación.
Reconozco tu voz, luego eres tú.
Veo tu cara, luego eres tú.
Recibo un documento con tu aspecto habitual, luego viene de ti.
Ese sistema empieza a quedarse viejo.

Y esto me parece mucho más importante para las empresas que la anécdota del vídeo falso de turno.
Porque vamos hacia una economía en la que…
No bastará con que algo parezca auténtico. Tendremos que poder comprobar su procedencia.
Ya está ocurriendo.
Existe un estándar llamado C2PA que permite incorporar a imágenes, vídeos y otros contenidos unas credenciales que informan sobre su origen y las modificaciones que han sufrido.
En febrero de 2026, C2PA anunció que su ecosistema superaba ya los 6.000 miembros y afiliados con aplicaciones de estas credenciales.
Y durante los últimos meses hemos visto avances de Google, TikTok, fabricantes de cámaras y empresas de IA en esa dirección.
OpenAI, por ejemplo, amplió en julio sus sistemas de procedencia también al audio generado con sus herramientas y abrió acceso mediante API a su sistema de verificación.
No es perfecto.
Probablemente nunca habrá un detector mágico capaz de decirnos siempre qué es verdadero y qué es falso.
Por eso creo que la oportunidad empresarial está en otro sitio.
En convertir la verificación en parte del proceso.
- Si recibes una orden importante, verificas quién la da.
- Si firmas un documento, puedes demostrar cuál era el original.
- Si publicas una imagen, existe información sobre su procedencia.
- Si una IA toma una decisión relevante, puedes reconstruir cómo llegó hasta ella.

Esto abre un mercado enorme alrededor de identidad, certificación, trazabilidad y procedencia digital.
Pero también obliga a cualquier CEO a revisar algo mucho más sencillo:
¿Qué decisiones importantes de mi empresa seguimos autorizando simplemente porque reconocemos una voz, una cara, un correo o un documento?
Durante mucho tiempo dijimos aquello de:
- “Si no lo veo, no lo creo”.
Quizá tendremos que actualizar la frase.
Porque a partir de ahora podremos verlo, escucharlo e incluso hablar con ello.
Y aun así, tendremos que comprobar que es verdad.
Lo curioso es que, cuanto más rápido cambia la tecnología, más importantes parecen volverse algunas cosas que llevan siglos entre nosotros: la confianza, el criterio, la reputación y saber quién tienes delante.
Sobre eso escribí hace poco en “Lo que no cambia, aunque todo cambie”.
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