No titubees. La fricción en los procesos es mala. La de la gente, puede obrar milagros.
A veces, cuando un equipo está en debate pensamos que algo va mal.
Pero no siempre.
He aprendido que la fricción útil —bien manejada— no destruye, sino que edifica.
He trabajado con equipos que parecían ideales, pero que nunca discutían.
Todo era risas… hasta que llegó el primer problema.
Y entonces se derrumbaron.

La fricción positiva es la tensión que se genera cuando las personas expresan lo que piensan, con respeto y con intención.
Es molesta, sí, pero también es señal de que hay vida, de que hay compromiso.
Un equipo sin fricción es un equipo dormido.
Uno con mucha fricción se quiebra.
La clave es el equilibrio:
«Generar un espacio donde las ideas choquen, pero las personas no».
Así que la próxima vez que haya una discusión en tu empresa, no salgas corriendo a apagar el fuego.
Mira a ver si esa fricción está propulsando hacia adelante.
Si lo está haciendo, no la esquives… defiéndela.
No lo confundas con fricción tóxica, que critica, pero no construye.

La clave es que se hable de los proyectos y de los problemas, pero nunca de las personas.
No es lo mismo «menuda cagada» que «a ver cómo lo resolvemos para que el cliente quede contento».
Y ya sabes.
Como bien dice Luis Álvarez Satorre en su libro “El CEO 3D”, a las reuniones no se va a hablar de problemas, sino a proponer soluciones -un libro que te recomiendo-.
Porque esto no va de evitar conflictos.
Va de saber gestionarlos… de crear espacios donde se pueda discrepar, sin que el equipo se rompa.
Y eso es liderazgo que sabe cuándo tensar… y cuándo aflojar.
Algo que marca la diferencia.

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