Seguramente alguna vez te haya pasado. Estás en casa tranquilo y recibes una llamada o un whatsapp. De esas visitas inesperadas que nunca esperas.
“Estamos cerca y pasamos a verte. Voy con fulanito”.
Ya sea un familiar o un amigo, te descoloca.
Si te dan tiempo de ventaja no hay tanto problema, pero si te dicen… “En una hora estamos allí”.
La cosa cambia.

Te hace ilusión, pero empiezas a ver el marronazo de esas visitas inesperadas.
Comienzas a recoger como si no hubiera un mañana.
Te quitas las pantuflas y te pones medianamente presentable.
Recoges el salón y metes los vasos y platos de la cocina al lavavajillas.
Revisas que no haya polvo en ninguna parte visible.
Dejas los cojines del sofá bien mulliditos.
Te bajas al super a comprar cervezas, refrigerios y algo de picar.

Estás sudando la gota gorda.
Podías haberlo hecho todo poco a poco pero ahora te ha pillado a matacaballo.
Has necesitado este imprevisto y que alguien te lo diga por detrás para ponerte las pilas.
Lo mismo ocurre en tu empresa.
Ya sea porque tienes que hacer el balance mensual o trimestral.
Te van a hacer una auditoría externa.
Recibes una carta de Hacienda que viene con los colmillos de lobo.
Tu jefe te pide el viernes por la tarde las cifras de tal acción o campaña.
Quieres solicitar una subvención o has de presentar un presupuesto a un cliente.

Si no quieres que te pille el toro, dedícale un poco de tiempo todos los días o una vez a la semana para ir actualizando datos o poner en orden en tu negocio.
Que no se te acumule el trabajo y luego tengas que hacerlo deprisa y corriendo.
También te servirá para ir viendo cómo va la cosa y no echarte las manos a la cabeza sin haber analizado lo que tenías delante.
Ya rondaba esta idea en un email y artículo anterior que publiqué en el blog: Toca apretar el culo. Las prisas no son buenas consejeras
En muchas empresas que evalúo, apuran hasta el último momento o cuando la cosa ya está chungarata para poner medidas ante situaciones que podían haberse subsanado mucho antes con un simple cambio.
Todo por esas malditas prisas y no anticiparse u organizarse bien.
Tempus fugit.
Como siempre digo: “Sin prisa pero sin pausa”.

En tu empresa, cuando creías que ya habías alcanzado la cima o todo te va bien, de pronto la vida te sorprende con un giro inesperado.
Todo se puede ir al traste.
Una mala planificación, unos objetivos poco realistas, hacer las cosas a marchas forzadas, parchear los números, lanzar un producto que no lo compran ni en la teletienda, llegar a acuerdos poco rentables…
Ningún negocio es inmune a los imprevistos, pero la preparación minimiza los riesgos.
Así que lo importante es cómo ‘Reaccionas ante el caos’
Nos ha pasado a todos.
Ya has hecho lo más difícil.
Darte cuenta de que tienes que hacerlo.
Ahora sólo te queda ponerte manos a la obra.
Ya podrás decir que si recibes visitas inesperadas en tu empresa o en tu casa, no improvisarás ni te llegará el agua al cuello.
No te pillarán a pie cambiado y…
Podrás recibirles con los brazos abiertos y a mesa puesta.
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