Siempre he tenido alma viajera.
Me encanta viajar.
¿De vacaciones?
Claro… pero también de trabajo.
De repente, se acuerdan de mí y me llaman más de lo habitual.
Me imagino que algo tenéis que ver vosotros, los que me leéis todos los días.
Me surgen invitaciones a hablar de modelos de negocio del siglo XXI en Barcelona y en Cádiz y no soy barato.
Cobro por ello: 3.000 euros más gastos de viaje y estancia.

¿Qué incluye este servicio?
Una charla de 3 horas en las que dedico: La primera mitad para compartir los conceptos clave de los modelos de negocio de este siglo y la otra mitad, para lo más valioso, a responder a las preguntas de los asistentes.
¿Y a quiénes va dirigido?
Pues, casi siempre, a los empresarios de la zona.
¿Y quién les convoca?
Alguna de las asociaciones de empresarios de la zona.
Luego, me he enterado que, en la mayoría de los casos, son con apoyo de fondos de la Unión Europea para fomentar el cambio y la digitalización de las empresas españolas.
Yo encantado de contribuir.
Como siempre explico, lo importante no es mi exposición, aunque a la gente le guste en general, mucho, sino las preguntas.
He llegado a contestar casi 100 preguntas en una hora.
Hay que ser muy concreto y no irse por las ramas.
Lo ideal es que previamente, se recojan las preguntas de los asistentes y que alguien del público o de la organización me las lea en voz alta.
De manera que no perdamos el tiempo pasando el micro o tratando de rescatarlo de alguien que, una vez lo tiene, parece no querer dejarlo nunca más.

Otro tema que está llevándome por provincias diferentes de toda España es el ImpulCEO.
Aquí me contrata la empresa y cada día funciona mejor.
En cuanto me contratan empiezo a analizar el sector y la empresa con la ayuda de IA y preparo bien mi visita.
La visita dura desde las 9:30 a las 14:00 horas de manera habitual y luego les dejo una serie de trabajos para hacer, ya de manera independiente de mí y realizo un seguimiento por Whatsapp durante un par de semanas.
Funciona de cine.
¿Por qué?
Porque en la mayoría de los casos, la empresa ya sabe que necesita hacer cosas nuevas y está predispuesta a ello.
No hay rechazo a mi llegada.
Se ha creado una gran expectativa y tengo una obligación importante de quedar bien con ellos y darles realmente mucho más de lo que han pagado por mi consultoría.

¿Funciona en todos los casos?
En el 99% de ellos, sí.
He tenido un solo fallo que he tratado de resolver a continuación.
¿Por qué ha sido?
Un protagonismo inesperado de la persona que me contrató.
Es curioso.
Tenía una idea preconcebida y no se abrió a las nuevas iniciativas.
Al parecer, esperaba un ladrillo de consultor tradicional y no una serie de ideas disruptivas.
Vamos, que valoraba el output por su formato y no por sus resultados.
Bueno, he aprendido, hay que ser capaz de dar 100 por 1 y eso hay que irlo preparando ya antes de la visita.
Porque cuando eso está alineado, funciona de maravilla.
La experiencia me confirma algo que ya intuía:
Las empresas quieren avanzar.
Quieren innovar.
Y quieren hacerlo bien.
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