Si alguna vez has jugado al golf, sabes bien que este deporte puede ser implacable… Nunca funciona todo bien y al unísono.
Cuando sales de cine, “approachas” de pena, y qué decir tiene el patear.
Hoy sí, mañana no, por no hablar de salir de un bunker.
En la empresa es muy similar al golf.

Este mes tienes unas ventas récord y, de repente, todo parece pararse.
Tu departamento de ventas funciona, pero se ha cargado la logística de entrega, que no puede con el cúmulo de pedidos muy por encima de las estimaciones.
El departamento de ingeniería lleva 6 meses de retraso con el lanzamiento de un nuevo producto.
Los vendedores han cometido el error de hablar de dicho producto…y las ventas se han frenado porque el cliente está a la espera del nuevo lanzamiento.
Tu tesorería sufre, y llegan noches en vela.
El empresario, lejos de los viajes en avión de lujo y estancia en hoteles de 5 estrellas, tiene que sudar la camiseta, convencer a empleados, bancos e inversores y, al mismo tiempo, llevar el día a día.
Y, sí, es difícil prestar atención a un empleado que quiere unos días de vacaciones extra para ir a ver a su madre, justo cuando estás a punto de salir para el banco a negociar un préstamo que te salvará la empresa.
Siempre me ha parecido lo más difícil en el emprendimiento y en la empresa.
Estar al borde del cierre y, sin embargo, frente a los empleados trasmitir una serenidad que estás lejos de sentir.

Emprender y, mucho más, consolidar una empresa, es muy satisfactorio, pero requiere unos nervios que no todo el mundo tiene.
Así que, si estás en un buen puesto en una empresa y quieres independizarte, no pienses en el avión de lujo, piensa en la sangre, sudor y lágrimas que lleva crear una empresa desde cero.
Y sí, te lo recomiendo, pues, como en el golf, aunque fracases, habrás hecho un master de los buenos para siempre.
Ya sabes, a la tercera va la vencida.
Y si tienes que volver a buscar empleo, lo harás sin problemas, cada vez se busca más gente con experiencia en haberlo intentado.
La capacidad de mantener la calma, la persistencia y la visión a largo plazo son esenciales para superar los desafíos diarios.
No te desanimes por los tropiezos; cada fracaso es un paso hacia el éxito y cada dificultad una oportunidad para aprender.
Y recuerda, siempre mantener la confianza en ti mismo si alguna vez sientes la necesidad de realizar un cambio en tu vida profesional.
De todo se sale.

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