Envidia sana … inspiración para mejorar

La envidia sana … ¿Existe? Yo creo que sí.

La mía, por ejemplo.

Me da una gran envidia la gente que come lo que quiere… y no engorda. Yo me he pasado la vida luchando entre mis aficiones gourmet/gourmand y un peso razonable.

Y no me refiero a los que no engordan porque fuman como cosacos. Me refiero a los que, como mi mujer, por naturaleza no engordan y mantienen su peso casi ideal toda la vida… No es mi caso.

Hablo 5 idiomas, pero me dan envidia sana los políglotas que dominan más de 20 idiomas.

No envidio el dinero: sé lo que cuesta ganarlo. Y la mayoría de quienes lo tienen, se lo han currado bien y su trabajo les ha costado.

Pero sí me da envidia sana la salud de hierro.

Yo no me quejo: sigo haciendo deporte a diario, juego al golf una vez por semana —aunque intento dos, pero nunca lo consigo— e intento mantenerme en forma, lo que, a mis 80+ años —cumplo 81 en diciembre— me parece muy bien.

También me mola que mis amigos tengan coches de infarto. Y no, no me da envidia, bueno, sana algo sí.

Y me da envidia sana esa selecta comunidad de milmillonarios, sobre todo americanos, que donan cifras astronómicas a buenas causas, por lo que son capaces de contribuir a diversidad de causas:

  • 100 millones para erradicar la malaria,
  • 200 millones para estudiar una enfermedad rara,
  • un fondo de 400 millones para mejorar la educación en los países del tercer mundo.

Los milmillonarios europeos –muchos menos– no donan ni la mitad que los americanos.

La cultura de devolver a la sociedad es algo muy americano y mucho más limitado en Europa.

Me dan envidia sana los ases del deporte. Siempre quise ser uno de ellos… y nunca lo conseguí.

Cambié demasiado de deporte.

Empecé con natación y judo, luego me pasé al tenis y al squash, y caí en el pádel.

Hoy me limito al golf que empecé con 69 años y, lógicamente no me da para emular a nuestros cracks.

Lo de las artes marciales mixtas me parece una pasada, y más ahora con Ilia Topuria. Sí, es un deporte algo bestia… pero menudo deporte de riesgo se ha inventado, mezclando artes marciales de toda la vida.

En fin, que hay que centrarse en la envidia sana.

¿Y la envidia sana en las empresas?

También.

Me dan envidia sana las que lo tienen todo: gran liderazgo directivo, visión clara, buenos márgenes, gran crecimiento… y generosidad.

Se olvida pronto la generosidad.

Muchas empresas que se quejan de lo mal que les pagan sus clientes… son precisamente las mismas que peor pagan a sus proveedores.

Si tus clientes no valoran lo que haces, probablemente tú tampoco estés valorando lo que recibes de tus proveedores.

Estoy harto de escuchar: “no se pueden subir los precios porque no me lo permiten mis clientes”, y luego, les ves tratando a sus proveedores, y entiendes que sólo reciben lo que están dando.

Lo decía Richard Branson: “cuida bien a tus empleados y ellos cuidaran bien de tus clientes”.

Yo añadiría: cuida también a tus proveedores.

Si no aprecias lo que te proporcionan y racaneas su pago, no te quejes cuando tus clientes hagan lo mismo contigo.

La actitud que proyectas acaba volviendo.

Empleados y proveedores satisfechos hacen empresas de éxito.

Sí, los proveedores también.

La envidia sana no es desear lo que otro tiene, sino inspirarte para mejorar lo tuyo.

Y en los negocios, esa mejora empieza tratando bien a quienes ya forman parte de tu cadena de valor.

Piénsalo.

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