Flotas o te hundes. Al mal tiempo buena cara

El principio del artículo de hoy es un poco desalentador, pero espérate al final.

Con media España yéndose de vacaciones, ayer hablé con un compañero que estaba de un humor de perros.

Salió el lunes por la mañana cogiendo un vuelo y se lo retrasaron casi 5 horas. Al llegar a destino le perdieron la maleta y cuando llegó, en lugar de encontrarse un sol radiante…, nubarrones y chubascos.

Me ha recordado otros veranos donde me ha pasado a mí, a mis hijas, a amigos, familiares o empresarios con los que trabajo.

La cosa no es cómo empieza sino cómo acaba.

Seguro que alguna vez te ha pasado.

Tienes toda la ilusión del mundo con una o dos semanas de vacaciones. Ya te ves estrenando bañador o bikini, tumbado en la playa o tomándote una cerveza en el chiringuito.

Pero al llegar…

  • El viaje ha sido una odisea que no se lo deseas a nadie,
  • El tiempo es desastroso y te da pereza salir de la habitación o casa en la que te alojas.
  • El apartamento que has alquilado no es como las fotos de la web,
  • El coche te deja tirado a mitad de camino,
  • El restaurante al que ibas siempre a comer paella está cerrado o ha cambiado de dueños,
  • El móvil ha dicho basta justo a mitad de las vacaciones y te desesperas buscando una tienda en mitad de la nada.
  • Tu jefe no para de mandarte trabajo para tenerlo listo un día después de tu regreso. Aquí no se descansa ni en verano.
  • En la habitación de al lado en el hotel te ha tocado un grupo de adolescentes fiesteros borrachos todo el día,
  • Se te olvidó echarte crema solar y te has quemado como un cangrejo,
  • Al niño le ha entrado una alergia o le ha picado una medusa y habéis acabado en urgencias.
  • De pronto una plaga de mosquitos o algas con bandera roja te está dando la noche y el día.
  • El jardinero le ha dado por sacar el cortacésped a las 8:00 o tienes obras al lado que no te dejan descansar,
  • Un amigo de lo ajeno te ha robado el bolso o la cartera y te ha dejado en cuadros teniendo que ir a comisaria.

Por una u otra razón, siempre surgen contratiempos e imprevistos que no le deseas ni a tu peor enemigo.

Tú estado de ánimo y cómo afrontas los problemas lo define todo.

Lo mismo con tu empresa.

Tienes que salir al paso porque nunca vas a saber dónde está el próximo conflicto o problema que germine en tu negocio.

Lo de tirarse a la bartola y que todo fluya sin mover un dedo es cosa de las empresas del siglo pasado.

Ahora hay que adelantarse –o sino al menos reaccionar rápido– a los aprietos que aparecen de la nada.

Y tu actitud ante ellos hará que remontes y flotes, o te hundas, aunque lleves manguitos o seas un experto nadador.

Yo me he reinventado decenas de veces, y lo sigo haciendo.

Ya lo dice el refrán “Al mal tiempo buena cara”.

No te dejes vencer por las circunstancias negativas y afróntalas con la mejor disposición posible.

Ya vendrán tiempos mejores.

Ante los problemas: separa los urgentes de los importantes.

Para acabar te dejo con dos frases que pueden ser antagónicas pero muy realistas según lo mires:

No hagas una montaña de un grano de arena» como metáfora sobre el comportamiento de exagerar la gravedad de una situación, dándole más importancia de la que realmente tiene.

塵も積もれば山となる — Chiri mo tsumoreba yama to naru. “Si el polvo se acumula se convierte en una montaña”. Dicho de otro modo, una sucesión de pequeñas acciones a lo largo del tiempo puede conducirnos a resultados inesperadamente grandes y significativos.

Ahora, ¡depende de ti con cuál quedarte!.

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