Hace un año, conocí a Javier. 50 años. Director de una multinacional, coche de empresa, bonus generoso… y un estrés que no lo dejaba dormir.
Un día, después de otra reunión de tres horas que no llevaba a ninguna parte, me dijo:
«Si sigo aquí, me jubilaré rico… y amargado.»
Decidió hacer algo que muchos piensan, pero pocos se atreven:
Dejar su puesto y lanzar su propio negocio.

No fue fácil.
Al principio, ganó la mitad de lo que ganaba como directivo.
Pero en seis meses, con una empresa de servicios digitales muy enfocada, estaba generando más que antes… y, sobre todo, recuperó el control de su tiempo y de su vida.
Lo veo una y otra vez.
Ejecutivos que lo han “logrado” pero sienten que no viven.
Y entonces llega el salto con su segunda vida profesional: pasar de empleado de lujo a empresario libre.

Si te lo estás planteando, ten en cuenta:
- 1. Olvida parte de tu mentalidad corporativa. Aquí no hay comité ni respaldo. Eres tú quien toma (y paga) las decisiones.
- 2. Aprende a vender, sí o sí. Es la diferencia entre sobrevivir y crecer.
- 3. Hazlo simple. Tu negocio no necesita 40 diapositivas, sino clientes.
- 4. Rodéate de aliados. Mentores, socios y clientes fieles son más valiosos que cualquier plan.
¿Lo mejor?
Javier ahora trabaja incluso más horas… pero cada hora cuenta.
Y cuando le pregunto si volvería a su antigua vida, siempre sonríe y dice:
«Ni loco.»
Pero, para, para…
Javier no es una buena muestra, la mayoría de quienes toman este camino necesitan mucho más de seis meses para recuperar su nivel de ingresos anteriores.
Cuando no quiebran, claro. Muchos lo hacen.
Es decir, tienes que tenerlo muy claro para arriesgarte.
¿Merece la pena?
Seguro.
Pero no tomes este camino a la ligera. Puede ser un valle de lágrimas esta segunda vida profesional.
Pero los que aciertan, crean nuevas empresas de éxito y nunca se jubilan porque trabajan en aquello que les gusta realmente.

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