Por qué deberías pensar en tu “plan B personal” incluso si tu empresa va bien

Cuando las cosas marchan bien, el fundador suele caer en la ilusión de que el futuro está asegurado: Facturación creciente, clientes satisfechos, equipo motivado…

¿qué podría salir mal?

La respuesta es sencilla:

Todo.

La historia empresarial está llena de compañías que parecían imparables y se hundieron de un día para otro por cambios de mercado, crisis globales o simples errores internos.

Por eso, incluso cuando tu empresa va viento en popa, necesitas un plan B personal.

1. Separa tu patrimonio del de la empresa.

Demasiados emprendedores reinvierten absolutamente todo en el negocio. Bien para crecer, mal para ti como persona.

Si la empresa cae, te quedas sin nada. Una parte de tus beneficios debe ir a activos propios: inmuebles, inversiones líquidas o fondos de seguridad.

2. Diseña una salida, aunque no pienses vender.

Tener claro cuánto vale tu empresa, quién podría estar interesado en comprarla y en qué condiciones aceptarías salir, te da opciones.

Aunque nunca vendas, saberlo te da poder de decisión.

3. Construye fuentes de ingreso paralelas.

Un libro, conferencias, asesorías, inversiones en otras empresas… No dependas sólo de tu negocio principal.

La diversificación no es deslealtad a tu proyecto: es un seguro de vida.

4. Piensa en tu futuro personal, no sólo en el de la empresa.

El día que quieras dar un paso atrás —o que la vida te obligue a hacerlo—, ¿qué tendrás para sostenerte?

El plan B no es sólo dinero: también son relaciones, prestigio y un rol que trascienda tu compañía.

5. Asume que el riesgo cero no existe.

Ni las mejores empresas están a salvo de disrupciones imprevistas. Tu plan B es aceptar esa realidad y adelantarte antes de que sea demasiado tarde.

Tener un plan B personal no es falta de fe en tu negocio.

Es una muestra de inteligencia y madurez como emprendedor.

Porque si la empresa falla, lo último que quieres es que tu vida entera falle con ella.​

Yo ya he cometido ese error.

No puedes centrar todo tu esfuerzo en un solo proyecto por ganador que éste te parezca.

Diversifica.

Ten un plan B.​

¡Ah! Y, sobre todo, no inviertas en empresas de amigos porque lo sean y analiza bien su viabilidad.

NUNCA DES AVALES PERSONALES.

Nunca.

Y una última reflexión:

¿qué pasa con tu empresa si mañana tú no estás?

El plan B personal y el de la empresa suelen ir de la mano.

Si no lo has pensado nunca, aquí dejo una reflexión que complementa bien este tema: “¿Dónde está el sucesor de mi empresa?”

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