Me escribe un amigo y me pide que recomiende a su hijo.
Él es un buen amigo… pero no conozco a su hijo.
¿Debo o no recomendarle?
¿Y si decido hacerlo, cómo?
Hace casi dos años recomendé al hijo de otro amigo.
¿Y?
Salió de cine.
Le contrataron y no dejan de darme las gracias… Dicen que es el mejor empleado que tienen.
Pero no siempre es así.

En cualquier caso.
Quiero conocer al hijo.
¿Para qué?
Pues para entender bien lo que quiere, lo que le hace feliz.
No lo que me cuenta su padre, ni lo que dice su CV –incluso a veces bien supervisado o escrito por el propio padre-.
A nuestros ojos, todos nuestros hijos son maravillosos.
Pero no siempre nuestros ojos nos dejan ver la realidad.
En algunos casos me he encontrado, cuando he hablado con el chico en cuestión, que era su padre el que quería que cambiara de trabajo, porque no le gustaba lo que estaba haciendo.
¡Toma ya! … a él sí.
Por eso, lo de conocerle en una comida o en una reunión por Zoom, me permite ver en realidad qué es lo que está haciendo.
Si le gusta o no, si quiere cambiar y qué le gustaría hacer con su carrera.
Eso es bastante mejor, a que te lo cuente el padre o la madre.

En mi lita de newsletter, somos casi 3.000 lectores, la mayoría de vosotros buscáis talento al menos una vez al año, es decir, sí puedo recomendarlo, pero no quiero hacerlo sin tener una idea clara de lo que realmente quiere.
En el caso que me salió bien, ya le conocía algo, me había causado buena impresión y no me sorprendió que fuera un gran comercial y que le gustara el puesto.
Tengo muchos contactos en empresas de Internet, en fondos de capital riesgo y, a través de las entrevistas de Diálogos CARDOM, cada mes hablo con CEOs de empresas que siempre están buscando buen talento.
En fin, que puedo ser un chollo para los amigos.

Desgraciadamente, no siempre funciona.
Cuando alguien está en un sector que no le gusta, pero ha cumplido ya 20 años en él, es muy difícil que le acepten en otro en el que no tiene experiencia y le piden habilidades que no tiene.
Tampoco le puedo dedicar mucho tiempo.
Mi bien más escaso.

Para eso están los headhunters, que son profesionales y pueden dedicarle el tiempo necesario.
A veces, eso sí, el mejor headhunter es un buen amigo con muchas relaciones. Como yo, por ejemplo.
Pero no se me puede pedir dedicación plena, aunque me lo tomo siempre con interés.
Si no se trata de un buen amigo, les digo que no me dedico a ello.
Y trato de no perder el tiempo ni hacérselo perder a ellos.
Pero ya que estamos en ello… Si os viene bien un chaval de menos de 30 años, analista de sistemas en un Family Office, escribidme por privado y os envío el CV del hijo de mi amigo con el que voy a verme en estos días.
Así que sí.
Lo recomiendo después de haber hablado con él.
Porque recomendar a alguien no es un simple gesto de cortesía.
Recomendar con responsabilidad no sólo ayuda a quien busca una oportunidad, también protege la confianza de quien te la pidió.
Como dice Tony Robbins: “Se innegablemente bueno”…trata de dar más de lo que espera el cliente.

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