Durante muchos años hubo un recurso empresarial que no podías comprar de un día para otro.
Podías alquilar una oficina, contratar servidores, financiar maquinaria, comprar software… Pero si necesitabas más capacidad para analizar, investigar, programar, vender o resolver problemas, normalmente necesitabas contratar personas.
Eso está empezando a cambiar.
Microsoft utiliza una expresión que me gusta: buy intelligence.
Comprar inteligencia.
Suena un poco inquietante, lo reconozco, pero piensa lo que ocurrió con la informática.
Hace veinte años, si necesitabas más capacidad de cálculo comprabas servidores.
Hoy contratas Amazon, Azure o Google Cloud y consumes la capacidad que necesitas.

Con la inteligencia puede ocurrir algo parecido.
Una empresa puede necesitar durante unas horas capacidad para investigar cien posibles clientes, revisar miles de facturas, comparar contratos, preparar propuestas comerciales o analizar un mercado.
Hasta ahora eso significaba personas y tiempo.
Cada vez más significará también agentes.
Y no estamos hablando de una teoría para 2035.
Este año KPMG señalaba que un 32% de las empresas encuestadas ya estaba desplegando y escalando agentes de IA y otro 27% empezaba a coordinar varios agentes dentro de la organización.
Esto cambia una decisión muy importante del CEO.
Hasta ahora, cuando aparecía más trabajo, preguntábamos:
- ¿A quién contratamos?
A partir de ahora tendremos que hacer una pregunta anterior:
- ¿Qué capacidad necesitamos realmente?
Porque quizás necesitemos una persona.
- O quizá un agente.
- O software.
- O un proveedor externo.
- O, seguramente, una combinación de todos ellos.
Ahí está para mí el verdadero cambio.
No creo que debamos medir el éxito por tener 20 agentes trabajando.
Sería tan absurdo como presumir de tener 200 empleados sin explicar qué hacen.
La medida interesante será otra:
¿cuánto valor consigue generar nuestra empresa con los recursos que utiliza?
Y eso también cambia el papel de las personas.

Si una IA puede preparar el análisis previo de veinte clientes, quiero que mi comercial dedique su tiempo a entender al cliente número 21, negociar mejor y construir una relación que una máquina difícilmente puede construir.
No compro inteligencia para eliminar inteligencia humana. La compro para utilizar mejor la que ya tengo.
Ya te comentaba sobre una diferencia que cualquier empresario debería tener clara: crecer no es lo mismo que escalar…
Escalar tu negocio: el reto de crecer sin perder el alma
Entonces hablaba de procesos, automatización y de conseguir que los ingresos aumentasen sin que los costes tuvieran que crecer al mismo ritmo.
Hoy añadiría un recurso nuevo a aquella ecuación: inteligencia bajo demanda.
Porque quizá el próximo salto de tu empresa no requiera incorporar cinco personas más.
Quizá necesite una persona excelente acompañada de tres agentes que investiguen, preparen, analicen y ejecuten parte del trabajo.
O quizá necesite las cinco personas.
Eso es precisamente lo que debe decidir el CEO.
“¿Qué capacidad necesita mi empresa para crecer y cuál es la forma más rentable de incorporarla?”
Personas, tecnología, agentes o una combinación de las tres.
Porque contratar más es una forma de crecer.
Conseguir hacer mucho más sin que tu estructura crezca al mismo ritmo es escalar.

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