¿Qué te enseñó tu padre?

Nada.

¿Nada?

Piénsalo bien.

Yo lo he hecho y he llegado a la conclusión que algo Sí me enseñó mi padre: Escuchar.

Soy muy bueno escuchando.

Desgraciadamente, hasta ahora, sólo aquello que me interesa. Desde la lectura del libro de Dale Carnegie, lo voy a cambiar y voy a hacer un esfuerzo por escuchar conversaciones que no me interesan.

Es muy curioso lo que escuchar te puede aportar y no sólo en conversaciones que te interesan, también en aquellas que sólo le interesa al que las cuenta.

Las docenas de casos que menciona Dale en su libro me han convencido.

Está claro que merece la pena pensar como el que explica, y ponerse en su lugar.

Hay una descripción que me ha impactado, y que ya llevo su imagen en mi cerebro activo.

El río.

¿Por qué la importancia del río frente a sus afluentes?

Porque humillado, recorre en cauce corriente y recoge la llegada de todos los arroyos que fluyen hacia él.

La imagen está clara, sin darle importancia, el río va recogiendo la totalidad de los caudales que le llegan de los distintos arroyos y, cada vez más caudaloso e importante, discurre su senda hacia el mar.

Me encanta la imagen mental que me provoca.

Cuando más te humillas más te ensalzas sin darte cuenta.

Cuánto se puede aprender de escuchar a aquellos cuyos intereses son diferentes a los nuestros.

Recuerdo a mi gran amigo Steinberg, un judío polaco que escapó de Auschwitz en el último momento y terminó convirtiéndose en un millonario alemán.

También lo cuento en mi libro.

Empezó repartiendo medias de señora en bicicleta, y llegó a tener la mayor fábrica de medias de Alemania.

Mis paseos y conversaciones con él, hoy hace ya años fallecido, nunca se han borrado de mi memoria y creo sinceramente, que muchas de las cosas que sé, las aprendí de él en esos paseos.

¡Escuchad!

A vuestras familias.

A vuestros empleados.

Poneros en su lugar y tratad de entender cómo reaccionaríais vosotros.

Valora las perspectivas de otros.

Las historias y lecciones de aquellos a tu alrededor pueden ofrecerte nuevas formas de pensar y oportunidades para crecer.

La verdadera sabiduría no sólo proviene de hablar, sino de saber escuchar y aprender de los demás.

Todo esto nos recuerda que, el aprendizaje constante es una necesidad.

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