¡Steinberg! La montaña de piedra que se convirtió en imperio

¡Steinberg! Montaña de piedra, en alemán. Los apellidos judíos suelen tener significados claros y potentes.

El Señor Steinberg, un judío polaco, llevaba ese nombre…y esa fortaleza en la sangre. 

Escapó de la muerte en Auschwitz por un par de días.

Las SS alemanas le tenían prisionero. Los rusos le liberaron justo antes de que lo enviaran a las cámaras de gas.

¡Terrible!

Y, al mismo tiempo, una historia brutal de resiliencia y superación.

Le conocí en una de mis presentaciones a inversores, cuando vendía propiedades en los apartahoteles de Meliá.

Nos hicimos muy amigos. 

Su vida era la definición de lo que hoy llamamos resiliencia, pero que pocos han vivido en carne propia como él.

Cuando lo liberaron de Auschwitz, viajó a Alemania para cobrar las compensaciones económicas que los alemanes pagaban por los delitos cometidos contra la raza judía.

Con ese pequeño capital, se compró una bicicleta.

Con la bicicleta, compraba medias de nylon en las fábricas y las distribuía a los comercios locales.

El caso es que, años después, –no sé cuántos le llevó– cuando le conocí, acababa de vender la mejor y mayor fábrica de medias de Alemania, tenía un patrimonio inmobiliario de millones de marcos alemanes.

Era alguien muy especial.

Nos hicimos buenos amigos y me daba largos paseos hablando con él. 

Me encantaba conocer su pasado, y la forma en la que había ido de propietario de una bicicleta a súper millonario.

Conocí pronto a su familia. Su mujer y su hijo. Con ellos comí el mejor Borscht polaco que había probado nunca.

Bueno, era el único que había probado.

Pero estaba de cine.

Pronto me empezó a hablar de sus propiedades en España.

Un kilómetro de costa en Marbella.

Casi nada.

Pero esa historia… la dejamos para otro sábado.

¿Qué me enseñó Steinberg?

Que nadie tiene excusa para rendirse.

Escapar de la muerte por los pelos.

Perdonar…

Aprovechar el impulso inicial de una pequeña ayuda alemana para crear un imperio de medias de nylon.

Todo un personaje.

Se volvió como un ‘viejo amigo‘ para mí. Nos veíamos con frecuencia, comíamos juntos, su mujer me adoraba y su hijo me veía como un “españolito” amigo de su padre, sin más.

En esta etapa de mi vida aprendí que nadie se puede quejar.

Siempre hay gente que lo ha pasado peor.

La diferencia está entre hacer y quejarse.

Steinberg me dio lecciones en todos los ámbitos del trato humano y formas diferentes de ver los negocios.

Todo eso, también te lo llevas cuando trabajamos juntos un ImpulCEO.

¿Quieres verlo?

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Sí, tú.

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