Salida de emergencia del negocio

Salida de emergencia. ¿Te suena? Existe en todos lados: aviones, trenes, edificios…

Ya, pero ¿qué pasa en la empresa?

Nadie las tiene.

No me refiero a las del edificio en el que tienes las oficinas, no. 

Me refiero a tener una salida de emergencia del negocio.

Y sí, la salida de emergencia, en muchos casos… es cerrar.

Pero puede haber otras, menos traumáticas.

¿Cuáles?

Tener un plan de retirada ordenada con una venta de activos, por ejemplo.

Bien es verdad que tienes que tener los activos identificados, saber lo que pueden valer y tener planes realistas de cómo convertirlos en liquidez.

La venta de la maquinaria en un entorno industrial puede ser una parte… pero, cuando se vende maquinaria usada, se consigue poco.

Me refiero a otros activos, sobre todo digitales:

Tu conocimiento de un sector, las bases de datos que has ido construyendo con el tiempo, el equipo directivo que tanto te ha costado reunir.

¿Es posible?

Desde luego, no es fácil.

Lo mismo que conviene tener varios bancos con los que mantener relaciones comerciales, es conveniente preparar un plan de emergencia.

Porque las emergencias ocurren.

  • Imagínate que el apagón en toda España hubiera durado un par de días más.
  • Que los bancos se ven forzados a reducir sus préstamos y te ha tocado.
  • Que un ejecutivo importante de tu empresa, acompañado de su equipo de 3 personas clave, se marcha de un día a otro…
  • Por no decir que te divorcias y tu media naranja tenía hasta ahora todos los poderes de la empresa.
  • O que llega el líder mundial, compra a tu competidor más directo y lanza una campaña de penetración en tus clientes que no puedes parar.

Puedes cerrar.

Trocear y vender.

Cambiar de mercado usando tus activos digitales.

¿Qué activos digitales?

El talento que has acumulado, la capacidad de gestión, el almacén central que tan bien tienes gestionado… Cualquier cosa que tenga valor.

Lo importante: no te quedes parado y prepara una salida de emergencia del negocio.

Empieza a reaccionar.

Ya sabes qué hacer.

Y recuerda el dicho español: «No hay mal que por bien no venga».

Aunque a veces cueste verlo.

¡Ánimo!

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