ABH y el proyecto millonario en Dubái

No tener trabajo es un problema. Tener uno que apenas te ocupa, aunque lo paguen bien, acaba por aburrirte.

Estaba yo en esa situación, trabajando muy poco para el negocio inmobiliario de Steinberg, cuando me llama un conocido de mi etapa de Meliá y me dice que quiere invitarme a comer, que tiene algo muy interesante que ofrecerme.

Recuerda que yo había recomendado a Steinberg que no era el momento de lanzar un proyecto inmobiliario al mercado europeo desde España (tras el escándalo de Sofico)

Bueno, voy a la comida y me dice que acaban de firmar un proyecto de 25 millones de dólares en los Emiratos y que necesitan un director general para el proyecto.

Tiene muy buenas referencias mías y me lo quiere ofrecer.

Dicho y hecho.

Llegamos a un acuerdo económico, me despido de Steinberg –a quien dejo en buenas manos de su directora financiera– y me fui a Dubái.

Estamos hablando de 1979.

El proyecto estaba en el Emirato de Abu Dhabi, en su segunda ciudad más importante: El Alain.

Se trataba de las instalaciones electromecánicas del Hotel Intercontinental de aquella ciudad.

ABH, la empresa española que me contrató, había conseguido las garantías de sus socios locales en Dubái y a mí me vendieron la idea de que residir en Dubái, era mucho mejor que hacerlo en el Al Ain o en Abu Dhabi porque estaban muy orientados a los expatriados y les daban muchas prestaciones que en la capital eran imposibles de conseguir.

Luego me enteré de que el capital de ABH era de tan solo 5.000.000… de pesetas y con ellos se habían postulado con los socios locales para unas garantías de 25 millones de dólares.

Pero ya estaba en Dubái y… A lo hecho, pecho.

Pronto me di cuenta de que ABH, a pesar de tener experiencia en haber hecho 20 ó 30 hoteles en España, no estaban preparados para trabajar con el rigor que imponía la supervisión de la consultora americana número uno, BECHTEL.

Los dos socios de ABH eran típicos de la construcción que imperaba entonces en España, se saltaban las especificaciones a la torera y creían que el proyecto de El Ain no iba a ser diferente.

“Qué nos van a contar estos moritos a nosotros que hemos hecho más de 30 hoteles”

El problema no eran “los moritos”, que no entraban para nada en la ecuación y sabían menos que los españoles, pero la propiedad, el Emir de El Ain, había hecho las cosas bien, y encargado a la mejor consultora que podía contratar.

BECHTEL no nos lo iba a poner fácil.

Sólo uno de los socios de ABH hablaba inglés, abogado y economista, el otro, el ingeniero, no hablaba ni una palabra. Las reuniones eran maratonianas y, además, se perdía un montón de tiempo porque había que traducirle todo.

El primer gran escollo, ya lo he contado en alguno de mis correos, era la aprobación de los planos de la obra que íbamos a realizar.

Después de innumerables viajes desde Madrid para reunirse conmigo en Dubái, y luego tener las reuniones con BECHTEL en el Al Ain, me enviaron los planos.

¡No había por dónde cogerlos!

Estaba claro que no habían leído los pliegos de condiciones que eran exhaustivos y medían absolutamente todo.

Los planos no se podían presentar.

Cuando les quedó claro que no podían producir el trabajo necesario para que yo pudiera liderar la obra desde Dubái… me enviaron un télex –no, no había ni siquiera fax– y me dijeron:

“Coge el primer avión y vuelve a España. ABH abandona el proyecto.”

¿Y los socios locales que han garantizado 25 millones de dólares?

“Tú de eso no te preocupes. Son ricos.”

Les dije que yo no me iba a marchar con ese cargo de conciencia.

“Allá tú”, me dijeron por telex.

¿Y qué pasó después?

Eso… te lo cuento el siguiente fin de semana.

Cada historia me dejó cicatrices, aprendizajes y herramientas.

Porque entender cómo actuar cuando todo se tambalea —con o sin planos, con o sin respaldo— marca la diferencia.

Y ese tipo de experiencia es lo que intento compartir cuando trabajo contigo en un ImpulCEO.

No son fórmulas mágicas.


Son caminos reales, con piedras y atajos, que ya he recorrido.

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