Como ya sabes, los sábados me gusta contarte historias que no salen en los libros de negocios, pero que, sin quererlo, terminan siendo grandes lecciones de empresa, estrategia y… paciencia.
Hoy toca una de ésas.
Resulta que, una vez vendidos los apartoteles de Meliá en Madrid y Alicante, nos quedamos sin producto.
Los otros desarrollos que Meliá tenía previstos en el Caribe Venezolano… no salieron adelante.
¿Y entonces?
Pues que Meliá decidió cerrar su oficina en Frankfurt, lógicamente pagarme… y despedirme.

Ahí estaba yo, pensando si seguir en Alemania –tenía varias alternativas– o irme a Madrid en mi vuelta a España. Y entonces apareció Steinberg, mi amigo y cliente, y lo cambió todo con su oferta:
«Quiero que seas mi director general en España y que lances el gran proyecto que tengo en Marbella.»
Lo acepté encantado.
Llegamos rápidamente a un acuerdo económico y me instalé en Madrid.
Empecé visitando el terreno,
Antes de llegar a Marbella, ya estaba sobre la mesa: un kilómetro de playa, licencias de obras listas para varios bloques de apartamentos, villas de distintos tamaños y un centro comercial.
Un gran proyecto que me hubiera encantado llevar a cabo…

¿Alguien se acuerda de SOFICO?
Para los que no, fue un gran desarrollo inmobiliario en España que prometía un 12% de rentabilidad… y, quebró.
Las consecuencias fueron inmediatas: España quedó vetada para los inversores extranjeros durante meses, incluso un par de años después.
Steinberg quería seguir adelante de todos modos, pero mi consejo fue congelarlo de momento.
No era el momento de lanzar un gran proyecto a Europa.
Habíamos contratado a una directora financiera que, además, hablaba alemán y, por ello, se podía entender con Steinberg.
Así que le propuse que ella se hiciera cargo del proyecto, mientras esperábamos el momento adecuado para lanzarlo bien.
Aunque ahora que lo pienso… este proyecto de Steinberg en Marbella fue posterior a otra aventura inmobiliaria turística, igual de intensa y con consecuencias curiosas.
Pero esa te la contaré otro sábado.

El caso es que pasé un par de años estudiando su proyecto, analizando el mercado… y siempre llegaba a la misma conclusión: no era el momento.
Tenía un muy buen sueldo. Poco que hacer, salvo presentar papeles en Hacienda un par de veces al año.
Y sí… me aburría como una ostra.
Así que convencí a Steinberg para que la directora financiera tomara las riendas del proyecto.
¿Y?
…De ahí nació mi proyecto en Dubai.
Pero esa historia… ya sabes, otro sábado.
Después de tantos años viendo cómo se lanzan y frenan proyectos, he aprendido que no basta con tener una buena idea.
Hace falta perspectiva.
Hace falta saber cuándo moverse… y cuándo esperar.
Por eso creé ImpulCEO.
Un espacio para pensar en tu empresa desde otro ángulo, con alguien que ya se ha enfrentado a momentos clave parecidos a los tuyos.
¿Te apuntas a un ImpulCEO conmigo?
Seguro que le sacas provecho.
Yo, seguro que sí.
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