¿Es realmente el título universitario la clave para el éxito profesional que solía ser?
A muchos les consuela saber que Bill Gates no tiene ningún título universitario que no sea “Honoris Causa”. Se les olvida que dejó la carrera –con una de las mejores notas de la misma– para fundar Microsoft.
Hay un dicho alemán que dice “Es gibt Nicht-Absolventen, die Arbeitsplätze für Absolventen schaffen“, es decir, empresarios sin título alguno que emplean a docenas de empleados con carrera.

¿Desaparece el prestigio de los títulos o seguimos teniendo titulitis?
Desde luego, el talento concreto cada día pesa más, pero, haciendo un repaso a todas las amigas de mis hijas -que ahora están entre los 34 y los 44 años de edad-, aquellas que estudiaron ingenierías están mejor colocadas que las que estudiaron carreras menos demandantes.
¿Casualidad?
Yo creo que ahora, por ejemplo, alguien con especial habilidad para el uso de la IA tiene mejores posibilidades que un ingeniero que nos las tenga.
- Eso es pasajero.
Lo que sí aconsejo a quien me pregunta qué recomendar a sus hijos es que, hagan lo que hagan, dediquen tiempo a aprender matemáticas, aunque no tenga nada que ver con su carrera.
Los algoritmos rigen ya nuestras vidas.
Tener una buena base matemática nos ayudará en cualquier entorno.
Te lo digo yo que no la tengo y me ha costado dedicarle mucho tiempo a entender conceptos que para un matemático son habituales.
Es decir, yo creo que todavía sigue impresionando un buen CV con una ingeniería de caminos, pero ¿es fundamental para conseguir un gran puesto de trabajo?
Cada día menos.
Es mucho más difícil conseguir –con o sin titulación oficial– alguien que sepa mucho de ciber seguridad, por ejemplo.

Como siempre, en la diversidad se encuentra la combinación perfecta.
Titulados con buenas bases de partida.
Expertos con años de demostrada eficacia.
Hay que preguntar, qué más sabe hacer que la titulación que tiene.
En estos tiempos de cambios radicales, hay mucho que desaprender.
No lo tiene fácil el que sólo va por el libro.
Las habilidades prácticas, la capacidad de adaptarse y aprender continuamente son tan importantes, si no más, que los diplomas tradicionales.
Como ya lo he comentado en un artículo sobre el caso de Chema Alonso, el talento está por encima de las convenciones.

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