Esta semana abrías Twitter y las noticias del PSOE o Trump inundaban mi feed, pero también me saltaban por todos lados, los nuevos precios de los abonos de transporte.
Listados de cuánto te iban a cobrar ahora desde Julio por tu abono, el metro, el tren, etc. Aunque viendo cómo va el AVE últimamente casi mejor que lo dejasen gratis de por vida.
Y lo curioso, es como saltaban miles de haters poniendo el grito en el cielo tras dos años de haber sido gratuito o con rebajas de precio del 60%.
Entiendo que tras no haber soltado un duro, que ahora vengan y te digan que tienes que soltar billetes es toda una pega.

Esto me ha hecho pensar en casos en los que pasar de lo gratis a pago trae miga:
- Whatsapp decía que te cobraría 1$ al año o 0.01$ por mensaje. Millones de personas quejándose por algo de un precio irrisorio que luego no se implantó.
- Netflix te pondrá anuncios en los planes estándar o tendrás que hacerte Premium para tener más usuarios, descargar o verlo en 4K.
- Microsoft no se actualiza porque tienes el Office pirata y las funciones de Excel de la nueva versión no aparecen.
- Eliminan páginas fraudulentas donde veías los partidos del Real Madrid por la cara, en chino o árabe.
- Cerraron esa web con anuncios guarretes donde con Torrent o Emule luego te descargabas las películas o series.
- Te quejas de que ya no puedes oír Youtube o Spotify de seguido y te incluyen anuncios en mitad del vídeo.
- Si quieres seleccionar asiento para ir en ventana toca pagar 5 euritos más.
- Ibas al Carrefour y cogías 200 bolsas de plástico que luego usabas para la basura, pero ahora que cobran 5 céntimos llevas la tuya de tela de casa.
- Tienes la cuenta de Gmail gratuita de 15Gb al 98% de capacidad y estás una tarde borrando correos para hacer más espacio en lugar de pagar 0.49€ por 100Gb.
- Quieres leer varias noticias de periódicos online y sólo te dan el titular y un primer párrafo. Después, toca suscribirse.
La era del todo gratis llega a su fin.
Un movimiento natural de los modelos de negocio digitales.

Al principio te atraen y se hacen casi imprescindibles.
Lo hacen popular y generalista con millones de usuarios.
Los usas casi cada día, pero toca monetizar y es hora de cerrar el grifo a lo ‘gratis’.
Hay gente a la que le gusta estirar el chicle hasta no poder más.
Pero eso se acabó.
“Quien algo quiere, algo le cuesta”.
Y luego, por muchas voces que des:
“Menos gritos, milagritos”

Estaba viendo la presentación de un curso de Inteligencia artificial y el profesor decía 3 cosas básicas intercalándolas a lo largo del directo:
- Cómo apuntarse al curso y sus beneficios y a un vento en próximas semanas.
- Algún truco para sacar partido a las principales herramientas que hay en el mercado.
- Y para el final, dejaba varias plantillas para que los usuarios pudieran descargar.
Pues durante toda la presentación, yo que estaba viendo el chat en directo donde se iban respondiendo preguntas o dejaban sus comentarios,
Al menos 3 de cada 5 coletillas eran para:
- Solicitar las plantillas porque sí, sin esperar al final del vídeo.
- Cómo tener ChatGPT gratis (cuando cuesta 23€ al mes y puedes sacarle un rendimiento brutal)
- Más trucos ‘gratis’ o prompts y que se los dieran mascaditos.
Pero lo peor de todo, es que se metían con el profesor porque ‘trataba de vender su curso’.
De traca.
Se deben pensar que la gente vive del aire.
Que lo hacen por amor al arte.

Porque al final, el rendimiento no se mide con unos likes.
Se mide con un bolsillo en verde.
Me gusta llamarles: “Los clientes chupasangres”
Otro día te hablaré del caso: Que la gente te diga que “quiere” tu producto no significa que realmente pagarían por él.
¿Hay algo que antes usabas gratis y ahora estás pagando porque no puedes vivir sin él?
No quiero hacer este post largo aburriendo a las ovejas, mejor resumir, como cuando acortabas palabras con los SMS para sólo mandar 1 mensaje y no te cobrasen el doble.
Por ello, ahora te recomiendo leer este artículo y me digas si te sientes reflejado:
Aléjate de los clientes tóxicos ¿Cuál está en tu radar?

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