El cliente siempre tiene razón. Bueno, no siempre y, sobre todo, en ámbitos innovadores en donde la experiencia no existe, menos.
Como explicaba Henry Ford: “Si yo hubiera preguntado qué querían mis clientes para mejorar sus tiempos de transporte, me hubieran pedido mejores caballos.”
“Nadie hubiera dicho que necesitábamos coches.”

Algo muy importante es asegurarte de que aportas valor, si es posible mucho valor, a tus clientes y que éstos lo aprecian.
Analiza bien a tus clientes más importantes, quiénes están más satisfechos con los productos que les vendes -o servicios- quiénes te dejan más margen, quiénes dan menos problemas.
Así, poco a poco, puedes hacerte una idea de tus mejores clientes y tratar de que ése sea el perfil para conseguir nuevos clientes.
Hazlo fácil.

A enemigo que huye, puente de plata.
Haz que los malos clientes no estropeen a los buenos.
Busca y cuida a los mejores clientes.
Intenta conseguir una comunidad de ellos.
Clientes sanos y a los que les gusta recibir información tuya.
Si lo haces bien, puedes cambiar en pocos meses tu empresa y su entorno competitivo.
Habla con ellos. Ten en cuenta sus sugerencias. Recupera tus márgenes.
Elegir cuidadosamente a tus clientes, mejora el ambiente de trabajo y la eficiencia operativa.
Al centrarte en aquellos que valoran tus productos y servicios, y que contribuyen positivamente a tu negocio, puedes crear una comunidad de clientes leales y satisfechos.

No tengas miedo de dejar ir a los clientes tóxicos; al hacerlo, transformarás tu empresa y asegurarás un crecimiento sostenible y saludable.
Recuerda, no se trata sólo de vender, sino de vender bien.
Y si además, puedes crear el efecto WOW en tus clientes, seguro que lograrás su lealtad y recurrencia.
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