Ser o no ser… un misionero. Preaching to the converted

Hace unos días escuché el directo en la membresía de Isra Bravo. Compartió los 10 puntos que debes tener en cuenta si quieres vender a través de una página de ventas o una newsletter como ésta.

Algo que me resonó especialmente, en inglés lo llaman, “preaching to the converted” (predicar a los ya convencidos). 

La idea es dejar de hacer de misionero e ir directamente a los que ya están en tu onda, los que ya entienden el valor de lo que ofreces.

Me podría haber ahorrado cientos de horas y mucho trabajo con este cambio de enfoque.

Como dice Isra: los profesores están mal pagados.

Vende a quienes ya saben que necesitan lo que tú vendes. 

Siempre habrá muchos más mostrándoles por qué deben hacerlo.

En el fondo, este artículo y mi correo diario va mucho de eso.

¿De eso?

Sí, de tratar de llegar a quienes ya lo saben, aquellos que saben que necesitan un cambio y que están dispuestos a invertir en ello.

Ya he perdido mucho tiempo tratando de evangelizar a quienes no quieren creer… en nuevos modelos de negocio.

Sara Comenge, CEO de la magnífica ONG Valentia en Huesca, me dijo algo muy similar: 

“Rodolfo tu mensaje nos llega a los que ya estamos en un estado de desarrollo avanzado. 

Sabemos que te necesitamos.

Queremos cambiar las cosas.”

En la mayoría de los casos puedes perder el tiempo tratando de hacerles dar el salto, tienen que estar ya en el punto de querer saltar.

Está claro.

Tratar de sacar al empresario satisfecho de su entorno del siglo XX lleva mucho tiempo y te hace perder mucho esfuerzo.

Te pasa a ti lo mismo con los clientes tóxicos.

Tienes que aprender a dejarlos.

Si trabajar con ellos es un dolor, cuenta cuántos dolores tienes y quítatelos de encima.

Tendrás más ancho de banda para hacer cosas nuevas con clientes que merezcan la pena y que te permitan ganar dinero.

Cualquier cliente que te niegue el margen, no te conviene.

No hagas nada sólo por el volumen de facturación.

Busca clientes que aprecien lo que haces y lo paguen bien.

Si te tratan mal, probablemente estén haciendo lo mismo con sus propios clientes y, en cualquier momento, se les va a venir todo abajo.

Busca clientes ideales que aprecien lo que les proporcionas.

Y lo paguen.

No te dejes engañar por quienes te piden favores y precios que te cuestan dinero.

Tu margen es tuyo.

No lo olvides.

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