¿Cliente ideal o utopía?

¿Has pensado alguna vez en quién es tu cliente ideal

No hablamos del cliente perfecto que existe sólo en la imaginación, sino de ese perfil real que hace que tu negocio avance, que te desafía a crecer y te llena de satisfacción trabajar con él. 

Saber quién es, y quién no, puede cambiarlo todo: desde cómo organizas tu tiempo hasta cómo disfrutas de tu día a día. 

Me explico…

En mi caso, después de mucho tiempo, lo tengo claro. 

Mi cliente ideal es un empresario hecho a sí mismo que tiene entre 35 y 65 años y busca un alter ego con más experiencia que le ayude a crecer su empresa.

Dado este perfil, cada caso es diferente:

  • En un caso quiere que le asesore en cómo escalar su empresa de sus X millones actuales a multiplicarlo por 5 ó 10.
  • En otros casos, quiere asesoramiento para entrar en un nuevo país.
  • En otros quiere asegurarse que vende bien su empresa… Pero ojo, que bien no significa por mucho dinero, prefiere que le aseguren su legado y mantengan su plantilla.

En fin, hay muchas variaciones, pero el predominio de empresarios que tienen más del 60% de su empresa es una regla general.

Bueno y ahora que lo sabes, 

¿para qué sirve?

Sobre todo, para no perder el tiempo.

Si no tiene estos parámetros, mis posibilidades se reducen y les presto menos atención.

Gano tiempo y éso es lo que menos tengo.

Así que sí, busca tus clientes ideales y céntrate en ellos.

Producen mejores resultados que el resto.

¡Ah! También ayuda el detectar a los clientes tóxicos.

Son aquellos que te dan mil vueltas y entrevistas sin fin para terminar no comprando nada,

o que te compran y al minuto siguiente, estás deseando que no lo hubieran hecho.

Ya me ha llamado hoy, 3 veces.

¡Olvídalo!

Clientes de éstos, cuantos menos tengas, mejor.

Tu empresa debe ser una fuente de vivencias positivas para que, cada mañana, saltes de la cama con ganas de más.

Merece la pena dedicarle un rato a este correo.

Seguro.

Así que no lo dejes en teoría: dedícale tiempo, afina el perfil, y ajusta tus esfuerzos. 

Porque, al final, tu empresa debe ser una fuente de energía positiva que te haga disfrutar tanto del viaje como del destino.

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