Como pollo sin cabeza. Cortito y al pie

Llegó septiembre y me encuentro a todo el mundo acelerado. Como pollo sin cabeza.

Sienten que no pueden parar ni cinco minutos… pero tampoco avanzan.

Que si vuelta al trabajo, preparar el colegio o material de los hijos, comprarse un nuevo ordenador porque el de ahora va a pedales, reuniones de equipo y puesta a punto u organizar las nuevas estrategias de la empresa hasta fin de año.

Ahora toca estar pico y pala.

La mayoría de los que me leéis ya tenéis cierta edad, así que os sonará lo que os voy a contar.

Te acuerdas cuando no existía WhatsApp, se mandaban SMS y acortabas los caracteres para que entrase todo en un solo mensaje.

Lo hacías resumido.

Cortito y al pie.

Y no me refiero a acortar palabras poniendo ‘ksa’ en lugar de ‘casa’.

Sino todo lo que querías decir, sin frivolidades ni adornos.

Recuerdas cuando no había WIFI e ibas a la sala de informática, biblioteca o cibercafés.

Tenías el tiempo justo y a gente detrás haciendo cola. Te caía un sudorcillo por la frente y no querías mirar atrás para que no se fijasen en ti.

Tú estabas concentrado a lo tuyo y tecleabas como si no hubiera un mañana.

Peor era si encima ibas al local de abajo, tipo locutorio o call-center, donde pagabas por conectarte, y encima a una velocidad de tortuga.

Cada minuto que pasaba era un ‘clin clin’ de dinero fluyendo.

Allí no te ponías a leer el Marca, ibas a lo que ibas, rápido y conciso.

Esos 5, 10, 30, 60 minutos se te pasaban volando.

Igual si estabas en el extranjero.

No existía eso de los datos o el roaming.

Nada de llamadas superficiales, sólo lo imprescindible o si era algo importante.

Casi de vida o muerte.

Mejor me lo pones con las fotos que hacemos ahora con los iPhone (o pon la marca que quieras de tu móvil),

Te vas 7 días a la playa y vuelves con 3000 fotos y 200 vídeos.

Luego toca descartar y al final acabas con 5 ó 6 que realmente te gustan.

Antes tenías un carrete de 36 y encuadrabas bien, buscabas la mejor luz y te la jugabas al volver, cruzando los dedos en el revelado para que todos hubieran salido guapetes.

Pues en tu empresa pasa igual.

Dedicas horas, días, semanas… en algo que no es vital.

Maquillas y decoras hasta dejar perfecto en lugar de ir al grano y centrarte en lo verdaderamente importante.

No lo pongas difícil para que parezca que sabes mucho.

No hagas CV de 3 páginas o presentaciones de 30 slides.

La regla del 20-80 (Paretto dixit) ¡hazlo sencillo!

Imagínate que tu día habitual en el trabajo se redujera a 1 hora.

Tus 8, 10 ó 12 horas de tu jornada, reducidas a 1h.

Supón esos 60 minutos que estarías pagando.

Cada minuto eres tú el que paga.

  • ¿Qué sería lo primero que harías?
  • ¿Y lo segundo?

Tratarías de hacer lo más trascendental al principio. Algo que esté sólo en tus manos. O esa venta o cliente del que depende tu negocio.

Luego pasarías a responder algún email o alguna tarea que necesite el equipo y tú seas el cuello de botella.

En las siguientes tareas, seguirías yendo al grano.

Nada de parrafacos kilométricos, reuniones extenuantes o marear la perdiz.

Breve, conciso, directo y sin rodeos.

No como este artículo, que al final me está quedando largo 😉

Si has cogido la idea.

Tu audiencia está ahí, sentada, con un problema específico que no los deja dormir.

Y están dispuestos a pagar bien por resolverlo YA.

Cuando das en el clavo con ese “problema-solución”, incluso las ofertas más simples convierten como locas.

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