Menudo cabreo tengo. El problema apareció enseguida

El otro día me llamó un CEO enfadado.

No conmigo.

No con el mercado.

Con él mismo.

  • Rodolfo, vendo… pero no gano.
  • ¿Cómo que no ganas?
  • Facturo más que nunca, pero cada fin de mes miro la cuenta como si fuera el parte meteorológico… a ver si llueve.

Le pedí sólo tres datos:

  • ​margen bruto,
  • ​horas reales dedicadas a cada proyecto,
  • ​y cuántos días tardaba en cobrar.

No hizo falta mucho más.

El problema apareció enseguida.

  • Vendía proyectos completamente a medida que devoraban horas sin control. 
  • Aplicaba descuentos casi por costumbre para cerrar antes.
  • Y cobraba a 60 ó 90 días.​

Es decir, trabajaba hoy… y cobraba cuando al cliente le venía bien.

El problema no era el precio.

Era el modelo: había construido una empresa que crecía… fabricando estrés.

Nos sentamos una mañana para hacer un ImpulCEO

Sin teorías.

Sin presentaciones interminables. 

Y tomamos cuatro decisiones.​

1. Ordenar la oferta

Dejamos de vender «lo que necesites«. 

Pasó a ofrecer tres opciones claras:

  • ​Base (lo esencial)
  • ​Profesional.
  • Premium (prioridad + nivel de servicio + extras)

Cuando eres tú quien pone las reglas, el cliente deja de regatear cada detalle.

2. Poner límites a los descuentos

​Acordamos una regla sencilla.

​Descuento máximo del 5%.

​Y siempre a cambio de algo: pago anticipado, contratación anual o un alcance perfectamente definido.

​Porque un descuento sin contraprestación no es una estrategia.

​Es renunciar al margen.

3. Cambiar la forma de cobrar

  • ​50% al empezar.
  • ​40% a mitad del proyecto.
  • ​10% al finalizar.

​Y añadimos una norma imprescindible:

Si el cliente retrasa aprobaciones, información o decisiones, también se retrasan los plazos de entrega.

​Nuestra empresa no iba a financiar la suya.

4. Poner orden a los cambios

​Cada modificación del proyecto debía quedar por escrito, con su precio y su plazo de entrega.

​Se acabó el «Ya que estamos…».

El resultado llegó mucho antes de lo que esperaban.

​En apenas seis semanas seguían vendiendo prácticamente lo mismo, pero el margen empezó a recuperarse.

Y, sobre todo, el CEO volvió a dormir.

​Que parece un detalle menor… ​hasta que llevas meses sin hacerlo.

Eso es un ImpulCEO.

​No consiste en trabajar más.

​Consiste en poner orden donde hoy hay ruido y convertir problemas repetitivos en decisiones claras.

​​En una mañana analizamos el negocio, identificamos qué está frenando el crecimiento y salimos con un plan que empieza a ejecutarse el lunes.

​Porque muchas empresas no necesitan vender más.

​Necesitan ganar más con lo que ya venden.​

​Si te has reconocido en ese «vendo mucho, pero gano poco«, quizás ha llegado el momento de revisar el modelo con calma.

​Escríbeme o reserva aquí: ImpulCEO

Sólo realizo dos o tres al mes para poder dedicarles el tiempo que requieren.

Si quieres uno de los cupos del próximo, escríbeme hoy y los cerramos. 

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