¿Ganancias rápidas? No, no me refiero a jugar a la lotería.
Hablo de cambios estratégicos con impacto real y visible en tu empresa… en poco tiempo.
Cuando contratas una consultoría estratégica y crees que vas a cambiar muchas cosas, mejor es que busques “quick wins”.
¿Por qué?
Porque un cambio estratégico de fondo puede tardar uno o dos años, y para mantener a todos en línea y motivados, debes ir logrando hitos de éxito por el camino.
Elige cosas que puedas cambiar rápido y sea posible hacerlo.
Es muy conveniente fijarse cuáles son las transformaciones que puedes poner en marcha con éxito en menos de 2 a 3 meses.
Eso levanta el ánimo del equipo.
Y crea una sensación de avance real.

Y hablando de equipo…
Tienes que venderle el cambio a tu gente esos quick wins.
¿A mis empleados?
Pues sí.
Si no están de tu lado, nada funcionará.
Tienes que mostrarles lo que quieres conseguir, y cómo les va a beneficiar a ellos también, no sólo a la empresa.
Tiene que haber algo para ellos también.
Cuida al personal y dale información frecuente sobre el progreso,
Involúcrales.
Escúchalos.
Y sobre todo, reconócelos siempre que puedas, al encontrar algo que han hecho especialmente bien… O sólo bien.
Una felicitación sincera vale por 20 broncas.

Vende muy bien los cambios que afecten a áreas clave de la empresa, que pudieran ser vistos como pérdida de control o de influencia.
La consultora no lo hace sola.
Si hay cambios importantes en el personal directivo, implícate.
No delegues todo en la consultora.
Son tus ejecutivos. Tu cultura. Tu visión
¡Ah! Y escoge bien a la consultora.
Habla con alguno de sus antiguos clientes y convéncete que lo van a hacer muy bien.
Marca hitos medibles desde el principio.
Una buena consultora puede ser una gran ayuda…o un desastre.
Tú eliges.

El cambio real no es magia.
Es trabajo constante, bien comunicado, bien acompañado y marcado por pequeños triunfos que suman confianza y credibilidad.
Si estás pensando en transformar tu empresa: empieza por los quick wins y lo que se puede cambiar rápido.
Gánate al equipo.
Y mide cada paso.
Porque la transformación empieza cuando alguien se atreve a mover la primera ficha.
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