Construir cultura empresarial desde el día uno

Muchos emprendedores dejan la cultura empresarial “para después”, cuando la compañía tenga dinero o empleados suficientes.

Error. 

La cultura no es un logo ni un lema en la pared.

Es cómo se hacen las cosas cuando el jefe no está.

Y empieza el día uno, contigo.

Define tus valores claros.

No escribas diez palabras bonitas. Elige 2 ó 3 valores reales y prácticos. 

Ejemplo: transparencia radical, rapidez sobre perfección, foco en cliente.

Lo importante es que sean accionables.

Sé el ejemplo.


La cultura no se predica: se contagia.

Si quieres transparencia, comparte números y problemas.

Si quieres foco en cliente, atiéndelo tú mismo… Tu equipo copiará lo que haces, no lo que dices.

Habla de cultura cada semana.


Hazlo un tema de conversación habitual.

Pregunta: ¿esto refleja nuestros valores?

Corrige en público con respeto.

Felicita en público cuando alguien lo encarne bien.

Contrata por valores, no sólo por currículum.


Pregúntate en cada entrevista: ¿encajará con nuestra forma de trabajar?

Es mejor enseñar una habilidad que cambiar una actitud.

Da autonomía real.


Nada destruye más rápido la cultura que microgestionar.

Define objetivos claros y deja que la gente decida cómo conseguirlos.

La confianza genera compromiso.

Haz rituales baratos pero constantes.


Reuniones semanales para compartir éxitos y aprendizajes.

Reconocimientos sencillos.

Feedback honesto y frecuente.

Sé consistente.


Si hoy premias la transparencia y mañana castigas al que te dice la verdad incómoda…se acabó la cultura.

¡Coherencia o nada!


Construir cultura no cuesta dinero.

Cuesta tiempo, ejemplo y coherencia.

Empieza el día uno o será demasiado tarde cuando tengas 20 empleados y no sepas cómo se ha convertido en algo que no reconoces.

Tu cultura es tu ventaja competitiva. 

Cuídala desde ya.

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