Claro que sí: hay viejetes que sólo cuentan batallas. Y tú no estás para eso.
Pero no todos son así.
Leí hace poco un post de Dimas Gimeno en Linkedin sobre el desempleo sénior en la UE y me vino a la cabeza Ana.
Ana es coach y empresaria.
Le encanta lo que hace.
Pero los números no son lo suyo.
Cada final de mes era una tortura: repasar gastos, organizar recibos y, ajustarlo todo, antes de enviárselo a la empresa de contabilidad era un dolor para ella.
Hasta que contrató a su nueva asistente.

Una mujer con experiencia, que le ha liberado de todos los trabajos administrativos, ha mejorado la eficiencia de sus procesos y ha conseguido que todo el equipo en su pequeña empresa trabaje con más orden y eficacia.
¿Por qué entonces somos el país que peor trata a los mayores de 50 años?
El caso de Ana no es una excepción.
Yo siempre aconsejo a los emprendedores tener cerca a alguien con experiencia.
Eso sí, experiencia no es sinónimo automático de valor.
El fichaje de Ana fue a ciegas, sólo una conversación telefónica.
Le salió bien
Pero eso no es habitual.
Hay que ser prudentes.
Hay gente que no encuentra trabajo por su edad… y hay otros que no lo encuentran porque no aportan nada.
Por eso hay que investigar bien.

En las primeras conversaciones, fíjate en cómo reacciona, si escucha, si aporta ideas, si acepta el cambio.
El que llega diciendo “éso lo hacíamos así” … y no quiere moverse de ahí, descártalo.
Busca conocimiento sí, pero también actitud y capacidad de escuchar.
La edad no lo es todo. La energía cuenta. Y mucho.
Evita a los agoreros, los que siempre ven el problema y nunca la solución.
Se puede tener muchos años… y seguir con un alma joven.
Y ésos, los que tienen sabiduría y juventud interior, valen oro.

Por cierto, de eso va nuestro TresenForma.com:
- De mezclar lo aprendido con lo que viene.
- De sumar experiencia y energía.
- De ayudarte a ahorrar trabajo y conseguir resultados mejores, más rápido.
En resumen:
Hay muchos profesionales, mayores de 50 años, que os pueden aportar un gran valor, sólo hay que escogerlos bien.
Te pueden ayudar en momentos cruciales.
Tu empresa puede darles una nueva perspectiva.
Y ellos, pueden ayudarte a construir una cultura más sólida.
La mezcla de veinteañeros y cincuentones puede ser brutal.
Pero hay que saber gestionarla.
Desde el principio.

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