Tu producto no es tu empresa. El caso de Netflix

En 1998 Netflix empezó enviando DVDs por correo.

En 2007 comenzó a ofrecer streaming.

En 2023 envió su último sobre rojo.

Una transformación empresarial magnífica, pero lo interesante es que la historia no terminó ahí.

En 2026 Netflix ya no es solamente aquella empresa que sustituyó el DVD por el streaming.

Tiene publicidad, eventos deportivos en directo, videopódcasts, contenido vertical para móviles y está desarrollando nuevas formas de relacionar marcas, contenidos y audiencias.

Es decir, sigue moviéndose.

Y eso me lleva a una pregunta que merece pensarse con calma:

  • ¿A qué se dedica realmente tu empresa?

Cuidado con responder demasiado deprisa.

Si Netflix hubiera contestado en 1998 “alquilamos DVDs”, probablemente habría dedicado los siguientes años a conseguir mejores sobres, entregas más rápidas y un catálogo mayor.

Todo razonable.

Y todo insuficiente.

Porque el cliente no quería un DVD.

Quería entretenimiento.

Ahí está la diferencia.

Cuando defines tu empresa por el producto que vendes hoy, corres el riesgo de dedicar todos tus esfuerzos a perfeccionar algo que mañana puede dejar de ser relevante.

Cuando defines tu empresa por la necesidad que resuelves, aparecen muchas más posibilidades para evolucionar.

Esto no significa perseguir cada moda.

Ni poner IA en la web porque lo hace el vecino.

Ni cambiar la presentación corporativa y declarar que ahora somos una “empresa tecnológica”.

Significa algo bastante más difícil:

Estar dispuesto a competir contra aquello que hoy te da de comer.

Netflix lo hizo con el DVD.

Después tuvo que dejar de ser solamente distribuidor de contenidos para producirlos.

Y ahora está ampliando otra vez los límites de lo que significa ser Netflix.

Por eso, en un comité de dirección haría un ejercicio bastante sencillo.

Pondría sobre la mesa el producto o servicio que representa la mayor parte de la facturación y preguntaría:

  • Si dentro de cinco años nuestros clientes ya no quisieran comprar esto de esta manera, ¿qué seguirían necesitando de nosotros?

​Esa respuesta me interesa mucho más que una previsión de ventas a cinco años.

Porque una buena empresa sabe vender lo que tiene.​

Una empresa que dura en el tiempo sabe reconocer cuándo aquello que vende tiene que cambiar.

Debemos mirar nuestra empresa desde cierta distancia. 

Haz el ejercicio de ver tu empresa a vista de dron.

A veces, estamos tan cerca de nuestro producto, nuestros clientes y nuestra manera habitual de hacer las cosas que dejamos de ver otras posibilidades.

Quizás de vez en cuando debemos mirar desde arriba.

Y hacernos la pregunta:

Si hoy tuviera que crear de nuevo mi empresa, con todo lo que sé de mis clientes, ¿vendería exactamente lo mismo?

Este puede ser el tema de tu próximo comité de dirección…

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